El posible atractivode lo críptico
Pajaroquealanochesederrama. Poemas
Eloy José Rubio Carro. Ed. Fuenteencalada, Revista literaria. Centro de Estudios «Marcelo Macías», Astorga, 2009. 64 pp.
El cuarto verso de la estrofa de Leopoldo Panero, lema de la obra, alusiva a los efectos de la muerte, puede servir de advertencia al lector: «sólo quedan palabras, palabras deshaciéndose». Esta es una de las peculiaridades del poemario de Eloy José Rubio Carro: un título poco ortodoxo en su presentación y el manejo de términos exóticos. No faltan los que son fruto de acuñaciones léxicas personales, ajustados lingüísticamente por relaciones sintácticas excesivamente arriesgadas, lo que puede provocar cierto recelo en el lector. Algo parecido ocurre con la variedad estrófica. En el poemario encontramos composiciones extensas junto a otras que presentan la brevedad de los haikus, tan de moda en este momento. Curiosamente, algunos de ellos, repartidos estratégicamente en el texto, tienen un indudable valor estructural o de elemento vertebrador.
Subyacente a esta forma novedosa laten los temas humanos universales, tratados con originalidad. La infancia, el tempus fugit, el amor, la muerte, la soledad, ciertas experiencias de nihilismo-¦ son motivos que convergen en algunos poemas, logrando una expresividad especial. Sorprende la unión de términos y conceptos aparentemente lejanos. Si abundan las referencias a la cultura clásica (el caballo es «una broma aquea para acabar la guerra») son frecuentes los elementos naturales de condición bucólica: trigos, pájaros, flores-¦ dan al paisaje una polisemia inesperada: «¿Qué hacer con la lucida y turbia madreselva / hacia la noche virada?». La referencia clásica puede llegar a ser motivo literario próximo a una arriesgada alegoría: «Mi no ser junto con Baco ríe de la muerte, / porque con él está mas lejos que la vida / en el dolor permanente-¦/ En la risa narcótica y de matraca / de mis dientes engranados y del alzehimer-¦» (p.39).
Todo acaba siendo un proceso psicológico hacia lo universal, reflejado en el poema último, «La palabra ardiente». Se trata de versículos en los que late un sentido de panteísmo divino, que a muchos lectores les hará pensar en el Juan Ramón Jiménez de Dios deseado y deseante. No es mal colofón para una obra en la que hallan acogida poética los universales del sentimiento.