Diario de León

el radar afina sus sentidos

? Siempre hay lugar para la mejoraÁlvaro Blanco del Campo sigue colaborando con su director de tesis en el desarrollo y mejora del prototipo de radar de alta resolución en banda milimétrica, mientras se define qué empresas comercializarán el producto. Concretamente, en este momento desarrolla la mejora de las características de los osciladores, y de otras piezas que forman parte del montaje del prototipo.Una tesis doctoral seleccionada por la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología logró desarrollar un radar que a las prestaciones habituales añade la capacidad de «dibujar» la forma de los objetos que detecta. Ahora el prototipo busca quien lo comercialice.

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Fue el proyecto con la mayor ayuda económica pública en su momento, con la condición de que a la investigación académica le acompañase el compromiso empresarial de desarrollar y comercializar el producto. La primera fase está hecha, aunque sigue perfeccionándose. La del desarrollo comercial y la rentabilidad se ultima entre candidatos tanto españoles como internacionales. El apartado de la capacidad de desarrollar en España un prototipo demandado por la industria, requerido por empresas y administraciones y que aúna interés económico con rentabilidad social y prestigio investigador ha superado también su meta. El prototipo de radar de alta resolución en banda milimétrica es hoy una realidad en busca de autor… comercial. El autor intelectual está claro, y tiene patente que lo acredite.

Lo que nació como la tesis doctoral de un estudiante leonés volcado en las telecomunicaciones evolucionó (la aventura aún no ha acabado) hasta materializarse en un proyecto de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología, que consiguió el mayor apoyo económico que una investigación universitaria de este tipo había conseguido hasta el momento. Casi 600.000 euros, dentro de un programa que exigía que hubiera empresas interesadas en desarrollarlo industrialmente, como parte del impulso a la transferencia de conocimiento entre universidades y empresas que impulsaba la política del momento. Indra fue quien en un primer momento avaló el proyecto, aunque hoy son otras las sociedades que analizan la posibilidad de comercializarlo.

«Creo que Indra intentó después desarrollar este producto». Álvaro Blanco del Campo (León, 1979) empezó en esta aventura de la mano de Alberto Asensio como tesis doctoral de su licenciatura en Telecomunicaciones. Este leonés, hoy catedrático de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid, concluyó sus estudios trabajando como becario en el Grupo de Microondas y Radar del Departamentos de Señales y Sistemas de Radiocomunicaciones de la escuela.

Hoy es el autor de un paso más en el universo del radar (la detección y medición de distancias por radio), y las ondas electromagnéticas no sirven sólo para medir distancias, altitudes, direcciones o la velocidad de los objetos. El radar desarrollado por Blanco aporta además una definición que permite añadir formas y datos muy específicos a los que podían conseguirse hasta ahora. Y eso hace de la información que obtiene este prototipo un elemento muy goloso para empresas y administraciones.

El prototipo que sigue perfeccionándose día a día es un aparato montado sobre un soporte «parecido a una cámara de vigilancia, y más o menos portable. Pesa unos 25 kilos pero puede moverse con facilidad y colocarse donde se necesite, desde azoteas o un monte hasta los vehículos no tripulados».

El ingeniero explica que el radar «puede obtener, por poner un ejemplo, imágenes de un barco a 30 kilómetros de distancia. Con la ventaja de que estas imágenes y la resolución que permiten pueden obtenerse bajo todas las condiciones meteorológicas. Da igual que sea de noche o haya niebla, donde otras cámaras no pueden ver nada el radar ofrece una imagen que no es óptica, pero permite dar forma, distancia y velocidad al objeto que nos interesa».

Es un paso más en el perfeccionamiento de los radares, «a los que ya no se les pide sólo que den información sobre la posición de los objetos, sino que sean certeros sobre su posición, su velocidad e incluso su forma. Que actúen cada vez más como una cámara, aunque no lo son».

Estas características suma el prototipo desarrollado en Telecomunicaciones, que trabaja en 30 gigahercios y cuyas ventajas fueron recogidas por un buen número de publicaciones científicas tanto nacionales como extranjeras, congresos, etc.

«La investigación comenzó en el 2002 y concluyó en el 2007, y el proyecto consiguió una patente que ahora evalúan empresas para utilizar la tecnología desarrollada, fabricar y comercializar de manera industrial». No sólo las empresas han mostrado su interés por el hallazgo. «Los datos obtenidos se están utilizando también en universidades de Australia o Sudáfrica, por ejemplo». Datos totalmente novedosos por la resolución que ofrecen, y que permite sacar mucha más información de lo que el radar graba.

El caso es que ni en España ni en Europa existe una tecnología parecida. «Y Estados Unidos, si la ha desarrollado, lo lleva bastante en secreto…». Las aplicaciones de esta tecnología son múltiples, fundamentalmente en las labores de vigilancia en las que tradicionalmente se han utilizado los radares: vigilancia costera, sistemas de inteligencia y vigilancia de espacios como el Estrecho de Gibraltar, vigilancia del tráfico rodado en carreteras,… Pero también vigilancia de enclaves sensibles, instalaciones estratégicas o edificios que hasta ahora no cuentan con este tipo de dispositivos.

En cualquier caso, sea una empresa española o alguna de las extranjeras que están evaluando el desarrollo la que finalmente comercialice el nuevo radar, la propiedad intelectual de la investigación está protegida por una patente, algo que realmente (y sorprendentemente también) es una novedad en el sistema investigador español.

«La patente es propiedad de la Universidad y de los investigadores del proyecto, y recoge una arquitectura de recepción. Sólo hemos podido proteger con la patente una parte del sistema, pero esto demuestra nuestra capacidad investigadora» .

Álvaro Blanco explica que los dispositivos utilizados están en el mercado (la mayoría son importado del extranjero, sobre todo de Estados Unidos); pero «España sí tiene el know how para desarrollar el prototipo con todos estos componentes. Y ese era también el fin del proyecto, demostrar que España tiene investigadores con capacidad para hacer estos desarrollos, y que los elementos pueden conseguirse de manera comercial en el mercado».

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