Manipuladora visión del post 11-S

Thomas Horn y el veterano Max Von Sydow, en una escena de ‘Tan fuerte, tan cerca’.
Cine | alicia garcía de francisco
Detrás de cada una de las 2.983 personas que fallecieron en los atentados del 11-S hay sin duda una historia tremenda y dramática. Y es eso lo que explota el filme Tan fuerte, tan cerca, una visión en exceso sentimental y manipuladora del duelo vivido por un niño que perdió a su padre.
Basada en la novela del mismo título de Jonathan Safran Foer, Tan fuerte, tan cerca cuenta la historia de Oskar (Thomas Horn), un niño de 11 años cuyo padre (Tom Hanks) fallece en el ataque contra las torres gemelas de Nueva York. Un año después, el niño encuentra una llave que cree es una pista de su padre para resolver un juego que habían comenzado antes de su fallecimiento. La búsqueda de la cerradura que abre la llave se convierte para Oskar en la forma de superar la pérdida.
El director Stephen Daldry ( Billy Elliot, Las horas o El lector ) echa toneladas de sentimentalismo a una historia que llega a las pantallas tarde si se trata de contar lo qué pasó, y pronto si es cuestión de analizar las consecuencias.
Previsible de principio a fin, Tan fuerte, tan cerca se centra en la evolución de un niño ante la pérdida de su padre y, en lugar de utilizar el 11-S como punto de origen de esa tragedia, se convierte en el tema recurrente al que el realizador vuelve una y otra vez, con imágenes ya repetidas una y mil veces. Con apariciones puntuales de Tom Hanks y Sandra Bullock, el protagonismo recae en un niño que resulta tan cargante como lo fue Christian Bale en El imperio del sol. Acompañado permanentemente por una irritante pandereta que hace sonar cuando tiene miedo, el niño recorre Nueva York buscando a la persona que pueda tener la información que le permita dar uso a la llave. Parte de ese recorrido lo hace acompañado por un anciano alemán que vive en casa de su abuela. Un personaje mudo que interpreta magistralmente Max Von Sydow y que ofrece los mejores momentos de la película.