Diario de León

Otros riesgos de los sistemas industriales

MARCO ANTONIO LOZANO Técnico de servicios preventivos INTECO-CERT

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León

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Atrás han quedado aquellos virus informáticos que se diseñaban casi exclusivamente para regocijo y fama de su creador y que entre sus objetivos se encontraba el de borrar información, colapsar o ralentizar los sistemas.

Hoy en día el interés como sabemos es otro y nada más antiguo que el tratar de obtener beneficios económicos, causar un perjuicio financiero o reputacional, o conseguir simplemente un posicionamiento deliberado frente a la competencia en torno a una determinada tecnología, obtención de conocimientos e información de valor, etc. En resumen tendríamos dos grandes objetivos, el perjuicio económico y por otro lado el espionaje o robo industrial.

Por esta razón los virus, las técnicas de infección y la ingeniería social han ido evolucionando, o mejor dicho, se han ido desarrollando en relación a las necesidades que los «interesados» han ido demandando o lo que el mercado negro de esta tecnología, ha ido identificando como un futuro nicho de mercado. A finales del siglo pasado el objetivo principal de la industria del malware se focalizaba sobre todo en la obtención de información confidencial relacionada sobre todo con el ámbito económico: números de cuenta, de tarjetas de crédito, etc. Comenzaron a aparecer los primeros troyanos que convivían sigilosamente con el sistema operativo infectado sin que el usuario fuera consciente de la amenaza.

En enero del último año de la década pasada con el ataque a la empresa que, presumiblemente más información maneja, Google (operación Aurora), se abrió el debate acerca de los ciber-ataques dirigidos contra el sector comercial o industrial. Hasta esa fecha apenas había referencias y no se sabe, como se indica en multitud de medios, si la causa de ese desconocimiento se debía a que las empresas no eran conscientes de ello o simplemente no se hablaba del tema para mantener la reputación a salvo, algo por otra parte suena bastante comprensible.

También a mediados del 2010 se descubrió el primer virus que atacaba sistemas industriales, en concreto sistemas Sxada, pudiendo comprometer infraestructuras críticas como centrales nucleares, se trató de Stuxnet. Entraba en escena un nuevo objetivo que nunca antes se había visto afectado. Un año después se descubrió Duqu que aunque no atacaba sistemas para el control industrial estaba diseñado para recopilar información de organizaciones concretas.

En mayo de este año fue descubierto otro virus que ha sido catalogado por empresas especialistas en malware (como KasperSky entre otros) como el «arma de ciberespieonaje más sofisticada hasta el momento». Este ejemplar, conocido como Flame , Flamer o SkyWiper , que afecta a plataformas Windows y se estima que puede haber estado activo entre cinco y ocho años, comparte características similares a Stuxnet o Duqu a pesar de que aún no se ha identificado el objetivo concreto del virus. El malware se ha desarrollado en un lenguaje de programación poco común, Lua, pero a pesar de la complejidad del código se han identificado módulos que le permitirían robar documentos, tomar capturas de pantalla, capturar tráfico de red e incluso grabar conversaciones de audio entre otros, para luego enviar esta información a multitud de servidores repartidos por todo el mundo.

La última referencia de malware relacionada con el espionaje industrial ha sido descubierta recientemente. Se trata del troyano Medre , cuyo objetivo principal es el de buscar diseños realizados mediante la aplicación Autocad en el sistema infectado para posteriormente enviarlo a diferentes cuentas de correo electrónico.

Está claro que el alto nivel de sofisticación que están adquiriendo este tipo de códigos maliciosos, evidencia una necesidad de búsqueda de mecanismos que garanticen la protección y la seguridad en las empresas, desde la detección, la prevención y la reacción frente a estas amenazas. Por lo tanto, la inversión en seguridad debe ir de la mano con la evolución de este tipo de amenazas que cada vez implementan mejores mecanismos de evasión frente a las medidas que se implementan. Flame, junto con los casos en torno a Duqu o Stuxnet, siguen aumentando la preocupación por las políticas de seguridad implementadas en los sistemas de control industrial, demostrando que los ataques a sistemas Scada son una realidad y están en el punto de mira de ciberdelincuentes y organismos o grupos organizados, cuyo objetivo principal presumiblemente es el espionaje, el robo de información crítica o el daño en las infraestructuras controladas y gestionadas por los sistemas comprometidos. ¿Qué podría impactar más en una infraestructura? ¿Una pérdida de reputación? ¿Una pérdida de disponibilidad y de la prestación del servicio esencial?

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