los peligros de Chatroulette
ciberágora. Manuel Ransán Coordinador Servicios Preventivos Inteco-CERT
Chatroulette es un servicio web que permite poner en contacto de forma aleatoria a personas de cualquier parte del mundo mediante videoconferencia. Su uso es realmente sencillo, no requiere de cuenta de usuario ni de una lista de contactos, simplemente es necesario entrar en la web del servicio (www.chatroulette.com), activar la camara web del ordenador o del smartphone y pulsar el botón Conectar . A partir de ese momento, el nuevo usuario será conectado aleatoriamente con cualquier otro usuario del servicio —35.000 personas de media conectadas simultáneamente— permitiéndole mantener una videoconferencia. Los usuarios siempre tienen la posibilidad de terminar la conexión en cualquier momento y probar con otro usuario al azar. Y así indefinidamente.
La verdad es que se trata de un servicio cuanto menos curioso, sobre todo para los que gustan de conocer personas de todas partes del mundo y pasar un rato divertido en la red charlando con gente de lo más variopinta. En menos de media hora de pruebas pudimos conocer a un chico haciendo una demostración de kung-fu, un grupo de señoras en un taller de punto de cruz, una chica que quería enseñarnos como maquillarnos y un joven inglés que quería aprender español… entre otras muchas cosas.
Pero pese a que a priori parece todo muy divertido e inocente, lo cierto es que la tendencia actual en el uso de Chatroulette ha tomado un rumbo muy distinto: convirtiéndose principalmente en un escaparate para el exhibicionismo y la provocación sexual. Se estima que el porcentaje de exhibicionistas en Chatroulete ronda el 13%, es decir, en 1 de cada 8 chats encontraríamos a usuarios en actitudes poco decorosas. Por otro lado también se estima que sólo el 8% son mujeres.
Sin embargo, y sin querer restar importancia a lo ofensivo y molesto que puede resultar encontrarse de sopetón con un exhibicionista —sobre todo si pensamos en menores de edad— el mayor riesgo al que se enfrentan los usuarios de Chatroulette esta relacionado con la privacidad, y más concretamente con el derecho a la intimidad, el honor y la propia imagen. Y es que ciertos usuarios depravados o inconscientes sin ningún tipo de respecto por la intimidad de los demás tratan de engañar a los usuarios incautos para que se dejen llevar por la provocación. ¿Cómo? Pues, por ejemplo, mostrando un falso vídeo de atractivas jovencitas desnudándose de forma que la víctima crea que es su día de suerte y que está en un show privado cuando en realidad son vídeos pregrabados creados para engañar al usuario y motivarle a un quid pro quo con el objetivo de grabarle.
¿Qué ocurre después con esas grabaciones? Las opciones son diversas: que el depravado lo utilice en exclusiva para uso propio, que lo comparta en algún foro o página para adultos (sí, esto implica que esté accesible desde Internet) e incluso que pueda ser utilizado para la extorsión. Recordemos el reciente caso de Gauthier, un joven francés que decidió quitarse la vida tras sufrir chantajes de una supuesta chica a la que había conocido vía Chatroulette. «Tengo un vídeo porno tuyo. Si no me das 200 euros, destruiré tu vida», le escribió la acosadora.
Por desgracia este riesgo no es exclusivo de Chatroulette, aunque se acreciente debido a que su diseño este pensado para interconectar a desconocidos sin ningún tipo de registro previo. Otros servicios como los chats clásicos, la mensajería instantánea o incluso las redes sociales también pueden ser aprovechados para tales fines. Sobre todo tras el auge de programas para webcams que permiten de manera sencilla manipular la salida de video (lo que ve la otra persona) proyectando otro vídeo grabado con anterioridad. Llegando incluso a poder jugar con efectos faciales sobre el vídeo real (están tan conseguidos que no es trivial percatarse del engaño) que permitirían camuflar la imagen del atacante.
No es mi intención criminalizar este tipo de servicios, mucha gente hace un uso apropiado de ellos y cumplen muy bien su función. Pero sin duda creo que para poder disfrutarlos con garantías es necesario conocer sus riesgos, no vayamos a llevarnos desagradables sorpresas. Como siempre recomendamos desde la Oficina de Seguridad del Internauta (www.osi.es): piensa antes de compartir/publicar/enviar cualquier tipo de información por Internet, una vez subidos a la Red es mucho más complicado tener control sobre ellos. Y en especial cuando se trate de contenidos tan sensibles como fotos o vídeos de carácter erótico. ¿Sabes realmente quién está detrás de la webcam? ¿Confías en esa persona? ¿Sabes si está solo o acompañado? ¿Puedes asegurar que no te está grabando? ¿Y que no va a difundir esas imágenes sin tu permiso? Son preguntas que convendría hacerse ante este tipo de practicas. Sobre todo ahora que sabemos que la webcam también sabe mentir.