Diario de León

un aficionado en la nasa

U na afición compartida y una ilusión convertida en realidad. Cinco profesionales de distintos ámbitos repartidos por Europa, que han sido capaces de coordinar en la distancia y en sus ratos libres conocimientos y pasión por la astronomía para desarrollar un proyecto con el que ahora cuenta también la Nasa.

David Mayo, el leonés que participa en un proyecto de la Nasa aunque no es un profesional de la astronomía.

David Mayo, el leonés que participa en un proyecto de la Nasa aunque no es un profesional de la astronomía.

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Una afición compartida, la astronomía, y un punto de encuentro, la página SondasEspaciales.com.Una primera cita en la Campus Party de Valencia en el 2009, y una colaboración en la distancia que ha conseguido desarrollar, lanzar y perfeccionar once sondas espaciales para realizar distintos estudios de la estratosfera. Es el Proyecto Daedalus, que en apenas dos años ha realizado desde trabajos para la Universidad Complutense de Madrid a encargos comerciales. O la creación de AstroInnova.org, con un componente de divulgación científica que es también una de las grandes preocupaciones del equipo. Ahora se enfrentan a un reto impensable cuando iniciaron esta ilusionante colaboración: el próximo junio participarán en la Misión Sunrise, que desde Kiruna, en Suecia, lanzará un gran telescopio solar a la estratosfera durante una semana para estudiar el sol. Daedalus participará con una herramienta, Image Recording Instrument for Sunrise (Iris), que contiene un circuito desarrollado por el grupo con cámaras de vídeo de alta precisión para grabar los eventos principales del vuelo, desde el lanzamiento y ascenso a la fase de crucero y descenso.

Un proyecto liderado por el Instituto Max Plank de Alemania, que cuenta entre otros organismos con la participación de los institutos astrofísicos de Canarias y Andalucía, y con la del Insituto Nacional de Técnica Aeroespacial. Todos ellos trabajan para el lanzamiento del gigantesco globo sonda del programa long Duration Balloon de la Nasa, que sobrevolará el Círculo Polar Ártico.

La peculiaridad en este caso es que Daedalus es el primer grupo de aficionados que formará parte de una misión de esta embergadura, con socios del más alto nivel. Será el Daedalus X.

El grupo está formado por seis jóvenes sin experiencia en la astronomía, pero «enganchados» a la ciencia y el espacio. Uno de ellos es David Mayo Turrado, un leonés técnico superior en Sistemas, Regulación y Control Automáticos que estudió en el Don Bosco de Armunia y trabaja para Indra en la reparación de tarjetas electrónicas.

Mayo conoció a Fernando Ortuño, Aitor Conde, Pedro León, Miguel Ángel Gómez y Rubén Raya por Internet, compartiendo su afición común por la astronomía. De la Campus Party salió un primer proyecto para combinar las áreas de robótica y astronomía. «Queríamos acercarnos a la estratosfera, al espacio cercano, experimentar subiendo cámaras, con sensores para conocer las condiciones ahí arriba, hacer fotos,...» No fue fácil. Por la falta de experiencia y por la dispersión geográfica. Pero en estos años la ilusión ha podido con todo.

«Cada uno se encarga de un área, porque nuestra formación es muy distinta, y nos coordinamos con reuniones por coorreo y skype, pero al final tenemos que compaginar unos días de vacaciones, acudir cada uno con su parte al punto de lanzamiento y en dos días comprobar que todo ensambla, y poner en marcha la sonda». Hasta ahora este difícil engranaje ha funcionado. No sólo han cumplido los objetivos de sus misiones, sino que han recuperado todas las sondas lanzadas, lo que no siempre resulta sencillo.

Un éxito que no impide que su afición les cueste dinero, al menos en un primer momento, aunque con el tiempo algunos de los encargos les ha permitido recuperar parte de lo invertido. «Muchas partes las hacemos nosotros, y eso nos permite reducir mucho los costes; pero otras herramientas cuestan lo que cuestan, y ahí no podemos hacer otra cosa que adelantar el dinero».

David Mayo explica que su experiencia demuestra que puede accederse al espacio cercano con globos sonda con costes mucho más ajustados que los de las grandes agencias. Sin embargo, la infraestructura de una sonda «no deja de ser muy compleja». Las desarrolladas por Daedalus cuentan con un globo que puede llegar a superar los 12 metros de diámetro antes de explotar. Utilizan uno o dos por misión, en función de las necesidades.

El dispositivo cuenta con un p aracaídas, porque la caída libre de la sonda al explotar el globo alcanza los 25 metros por segundo. «Hay que estudiar la densidad y las condiciones de las distintas capas para conseguir que los componentes lleguen intactos a la tierra».

La sonda propiamente dicha es una caja fabricada en materiales aislantes, porque los componentes no pueden verse afectados por las bajísimas temperaturas de la estratosfera, que pueden llegar a 70ºC. Por eso es necesario también desarrollar mecanismos que garanticen el equilibrio térmico.

Los proyectos de Daedalus han conseguido desarrollar un sistema de radio que «nos ha permitido ser los primeros aficionados en tener comunicación en tiempo real con la sonda, que nos va enviando su posición y los datos de los sensores. Cualquiera puede seguir en directo la misión por Internet». Un móvil 3G con una aplicación preparada por ellos mismos para conocer la situación de la sonda en todo momento es la herramienta principal, pero cuentan también con un GPS por si en algún momento falla la cobertura.

La parte fundamental del proyecto es el ordenador central, que coordina el mecanismo Near Space, receptores y emisores de radio para recibir telemetría en directo y enviar comandos; así como sensores de humedad, temperatura, luminosidad, infrarrojos, aceleración, cámaras digitales con sensores internos, entre dos y cinco minicámaras de vídeo, dos cámaras de alta definición,...

Todo ello coordinado con una estación terrena, donde se recibe toda la información y desde donde se controla la sonda.

Este tipo de dispositivos permiten realizar estudios sobre desarrollos tecnológicos, pruebas de resistencia al frío o al vacío, tomar fotografías, realizar eventos publicitarios, estudios meteorológicos, tomar imágenes aéreas, experimentar con vuelo instrumentos científicos, realizar trabajos para empresas e instituciones,...

La última misión , el Daedalus XII, ha permitido grabar por primera vez las estrellas fugaces (Gemínidas) desde la estratosfera. Fue un encargo de la Universidad Complutense el pasado mes de diciembre.

Ahora todos los esfuerzos y la ilusión del grupo de AstroInnova están centrados en el proyecto de la Nasa. Todo ello puede seguirse desde la web proyectodaedalus. com.

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