el ojo que todo lo ve
el joven ingeniero leonés alejandro moratiel construye un robot explorador. A lejandro Moratiel construye un robot explorador programable con aplicaciones para situaciones límite, como terremotos, explosiones o salvamento, para su utilización en el ámbito militar o en la enseñanza.
Alejandro Moratiel. ingeniero Industrial, es el creador del prototipo con numerosas aplicaciones en el ámbito real.
Alejandro Moratiel ha construido un robot explorador programable, destinado especialmente a la vida real, tanto para tareas de reconocimiento en edificios en ruinas, salvamento, toma de datos en zonas contaminadas o peligrosas y que tendría aplicaciones militares o didácticas. Denominado GRABSIX-686, consta de tres partes, un mando radiocontrol, el robot explorador con brazo robótico y sensores y el software básico de control, que el usuario final podrá adecuar a las necesidades.
El mando radiocontrol a 2,4Ghz está formado por una serie de pantallas para la visualización de variables e imágenes captadas por el robot, además de varios botones y joysticks de control que permitirán guiar al robot siguiendo los parámetros establecidos por el programador.
En cuanto al robot móvil tiene un sistema de propulsión de tipo oruga, un brazo robot de seis grados de libertad, una caja sensora donde van incorporados múltiples sensores y un módulo de adquisición de datos que permitirá al usuario final realizar un análisis de los datos obtenidos por el robot a lo largo de su trayectoria, gracias a un software informático de tratamiento de datos como es el Excel o el Matlab.
Una de las ventajas de este robot es que el usuario no ha de tener conocimientos en electrónica para poder dar tienda suelta a sus ideas.
Este joven ingeniero leonés asegura que hacer un robot explorador fue una idea que tenía en la cabeza desde hace tiempo, tras ver a través de Internet varias noticias que hablaban de unos robots fabricados por una empresa estadounidense, Boston Dymanics. «A parte de eso, un robot es una plataforma muy flexible para dar rienda suelta a mis ideas, pues esto de la electrónica no es una carrera universitaria, sino un hobbie arraigado en mí desde hace muchos años», precisa este joven leonés. Como todos los prototipos, aún tiene mucho que mejorar pero su carácter innovador reside en capacidad para adaptarse a las necesidades del usuario final del robot y los múltiples usos que puede tener. Así, recalca que, por un lado, la idea es conseguir un robot explorador fácilmente programable y económicamente asequible, pues robots de este estilo en el mercado cuestan miles de euros, consiguiendo así hacer llegar la tecnología a sitios donde es necesaria, como paises del tercer mundo donde las catástrofes naturales son comunes, y donde las barreras económicas de los grandes robots son insuperables. Por otro lado, añade, y desde el punto de vista didáctico, otro objetivo de esta máquina es introducir la electrónica en las aulas de institutos y colegios, despertando el interés y motivando a los niños y jóvenes.
Explica que sus aplicaciones serían muchas. Por ejemplo, un departamento de bomberos podría comprar una unidad para explorar edificios en ruinas o detectar escapes de gas, en lugar de que sea una persona la encargada de entrar en un edificio y poner su vida en riesgo. Otro ejemplo, es la vigilancia y toma de datos, por ejemplo en zonas fronterizas, o bien en lugares contaminados. Finalmente, otro de los usos para los cuales ha sido diseñado el robot explorador es el uso en aulas. «Sin tener conocimiento alguno de electrónica los alumnos podrán dar sus primeros pasos en el mundo de la programación, viendo como aquello que están haciendo da vida al robot», asevera Moratiel.
Lo de construir aparatos a Alejandro Moratiel le viene en la sangre y es que su abuelo Celestino se ha pasado la vida, dice, construyendo y arreglando sus propias máquinas. «Llevo ya varios años construyéndome aparatejos para pasar el rato e ir aprendiendo cada día un poco más y te puedo decir que cualquier cosa que pudiese inventar o construir estaría dispuesto a llevarla a cabo, pues de todo se puede aprender», reconoce este apasionado de la electrónica que se decantó por la Ingeniería Industrial porque recuerda que siempre le llamó la atención ser «ingeniero» y, además, esta titulación le ha permitido materializar su mejor hobbie: inventar, diseñar, desmontar y montar.