Diario de León

Si lees no conduzcas

sin tiza ni papel. GLORIA SARMIENTO Profesora EOI-León

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León

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Las mujeres de verdad no sirven gas es un título real. No es broma.

Hace un millón de años leí este libro, que me atrajo por la tesis del título. Vaya trabajo que es ir a una gasolinera en Estados Unidos. Para empezar tienes que llevar 100 dólares a tocateja y dejarlos en depósito y recorrerte bastante distancia a pie hasta la caja porque todo allí es enorme. Después vas al coche y te sirves tú misma la gasolina con tus manitas y tus abalorios, luego, otra vez a la caja a recoger la vuelta.

Me compré el libro en Inglaterra en mi época de estudiante de último curso de carrera en la que cualquier cosa me servía para aprender la lengua y muy intrigada me apliqué el cuento. Los chicos, los cuatrocientos que vivían conmigo en Sorby Hall, se tronchaban al ver el título entre la fabada de mi desayuno y mi cuchara.

Sabían que tanta lectura les perjudicaba. Así que cuando caí en L.A. de recién casada, yo a la gasolinera siempre con mucha pericia procuraba ir acompañada. Mientras buscaba en la cartera el billete de cien la frase se dibujaba en mi mente en inglés, Real Women don’ t Pump Gas que viene a significar no te apees del coche y que se baje él. Lo de Los Ángeles lo tengo yo fechado en la cabeza en julio el 96.

Todo el mundo conoce mi amor por Evernote, un amor shakesperiano-marloweriano de los que responden a la pregunta ¿quien amó que no amó a primera vista?

Nada explica mejor un flechazo. Es un amor joven de no más de dos años, o no llega.

Como cada domingo leo el blog de Evernote y voy hoy y me encuentro que hay un escritor de apellido Kawasaki al que mencionan mucho porque dicen que es magnífico escritor y usa Evernote para guardar sus ideas pero que no las clasifica, las notas van como le nacen, a lo loco. Y este Kawasaki, que debe de ser de mi quinta, dice que no pone tags o etiquetas en las notas que mete en las carpetas porque etiquetar es cosa de mujeres. Que no lo dice pero lo dice...

Y pim pam pum, hace mi cabeza conexión, encuentro el ripio, dice él: real men don’t use tags , y digo yo: real women don’pump gas . Lo pillo. Lo pillo. ¿A mí con ripios vas a venir tú desde América a decirme que el orden es para mujeres? Ja, ja. Yo soy de pensamiento rápido, con flashes de luz repentinos y momentos apagados, como todos. Incoherente a veces, despistada, olvidadiza y muy desordenada, pero no tengo nada pero que nada de profesora chiflada.

Y ya me ha atrapado Kawasaki y me pone a pensar y a buscar en mi cabeza las razones de porqué no etiqueta las notas que se clasifican en carpetas, y caigo de la moto. Porque Evernote tiene lo que no tiene ningún otro blog que yo manejo. OCR. Reconocimiento óptico.

Asi que Kawasaki mete ideas en Evernote y cuando quiere encontrarlas teclea en la lupa y sabe que todo aparece a la velocidad del rayo.

Pues yo no sé a vosotros qué os habrá parecido el Evernotero de Kawasaki, pero él a mí ya me ha liado, voy a ver si encuentro por Amazon su libro: APE, que a mí el guiño del gas y del tag me ha encantado. De verdad. ¡Qué mono!

Pero como habréis calculado, por las fechas y los Marlowes, una va para vieja y no tiene la vista ya para muchas proezas, así que lo que realmente os recomiendo es la lámpara de diseño llamada Clearly para poner como extensión en vuestro escritorio de Chrome.

La lámpara despeja todo lo innecesario de la página y si tienes cuenta premium como yo, te lee los artículos en hasta veinticinco idiomas nada menos, o se los lee en clase a tus alumnos con una pronunciación impecable y, sin cansarse, te repite cada frase cuantas veces quieras.

La lámpara de ningún mago me hubiera apañado tanto para mis clases.

Y es que las mujeres de verdad no echamos gasolina ni necesitamos ya repetir las cosas mil veces, para esas menudencias tenemos la lámpara y a Aladino. Nosotras estamos para pensar qué hacemos con Merkel, y meditarlo mientras la lámpara nos lee la prensa europea y el Financial Times. Pero mojando en el café el croissant, por mucho que me hayan dado fuera reprimendas de urbanidad. Ay como venga la troika... y ya no pueda ni desayunar...

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