El ‘vigilante’ de la médula
Daniel Oblanca Cuéllar.. . controla en Frankfurt la medicación a trasplantados de médula ósea.

Daniel Oblanca Cuéllar en el Hospital Universitario de Frankfurt. Detrás, el skyline de la ciudad, con las torres de los grandes bancos alemanes y la chimenea de la Heizkraftwerk.
Trabaja en el Universitätsklinikum Goethe-Universität de Frankfurt, en la Unidad de Trasplante de Médula Ósea. Cuatro mil personas dedicadas a la salud. Un centro especializado en tratamientos avanzados contra el cáncer.
A David Oblanca Cuéllar siempre le interesaron las ciencias de la salud y el cuidado de los demás. Debe de ser cosa de familia, su hermana y varios primos son médicos o enfermeros. En el Hospital Universitario de Frankfurt controla la medicación, constantes vitales, atención, cuidado, aseo, higiene y alimentación de los pacientes que reciben un tratamiento para un trasplante de médula. Quimioterapia y radioterapia, transfusiones, inmunosupresión y la nueva medula ósea, del propio paciente o de un donante.
‘En el corazón del ser humano’ es el lema del departamento de Enfermería de este hospital alemán. «El cuidado profesional comienza donde la gente por motivos de salud no pueden cuidar adecuadamente de sí mismos o donde son necesarios consejos de salud para la prevención o la rehabilitación», reza el decálogo.
Le va a este jovencísimo enfermero leonés que a sus 22 años ha logrado un contrato fijo a jornada completa en Alemania. Se lo ha permitido su excelente currículum universitario y sus conocimientos de alemán, aunque después de siete meses allí es cada vez más consciente de que el idioma es la gran barrera. Lo que le impide, de momento, dedicarse a la investigación. Luego queda la cultura, los horarios, la comida, el clima...
David Oblanca lo tiene claro. De Alemania le atrae, y mucho, que puede trabajar. No sólo, pero ahí se resume casi todo.
«Aquí tengo la posibilidad de trabajar, cosa que en España a día de hoy sería impensable. Y encima, el tipo de contrato que tengo es fijo a jornada completa, lo que me ayudará a ganar experiencia y a mejorar como enfermero», dice.
Fue seleccionado para el trabajo con otros 15 enfermeros por la empresa Capitalent-Medical en Madrid. Pasó el primer examen y luego la prueba más dura: alemán en nivel B2. Seis meses estudiando el idioma seis horas al día. Sólo con la acreditación del Goethe-Institut pudo firmar su contrato.
«Desgraciadamente creo que en España no tengo ningún tipo de futuro. Sí, siempre podría volver e intentar hacer algún Master, seguir formándome, sé que soy joven y aún puedo hacer muchas cosas. Pero hoy en día sin dinero no haces nada y aunque mis padres estarían encantados con tal de que siguiera en casa, era hora de echar a volar y buscar un puesto de trabajo. Y actualmente España no me ofrece ninguno».
Le ha favorecido la excelente formación que los alumnos de Enfermería reciben en España. En Alemania no existe esa carrera. Y los conocimientos de los enfermeros españoles les abren las puertas de los hospitales y fundaciones germanos.
«Los jóvenes españoles estamos muy bien valorados aquí», dice. «Ellos ganan, sale perdiendo España», señala.
De momento seguirá allí. Aunque añora León, sus calles, sus tapas, la Catedral y el Barrio Húmedo. Y los ensayos con la Banda de Cornetas y Tambores de Minerva y Veracruz, su cofradía. Les explicará a sus colegas alemanes su gran pasión. En alemán.