ª1. Profesor al otro lado del Atlántico
Omar Rebaque López. Terminó la carrera superior de Minas y cogió un avión. Es profesor en Santiago de Chile.

Omar Rebaque López en el glaciar El Morado, en Chile.
Practica una máxima, además de caminar por el monte. «No te quedes en casa de brazos cruzados esperando a que te venga una oportunidad, hay que salir a buscarla donde sea». Omar Rebaque López ha encontrado en Chile las dos cosas: un trabajo y unos paisajes y una naturaleza increíbles.
Cuando terminó sus estudios superiores de ingeniero de Minas se compró un billete y se fue a Chile. Hacía tiempo que sabía que ejercer su profesión pasaba forzosamente por irse fuera de su país. Recorrió el país de norte a sur y trabajó en una empresa de perforaciones haciendo pozos muy profundos para captar aguas subterráneas. Desde hace dos años es profesor en un Instituto Profesional en el barrio de Bellavista en Santiago de Chile.
Le atrajo siempre la mina. «Nacer en una provincia de marcado carácter minero ayuda a decidir qué quieres estudiar. Me llamaba la atención el coraje y valor de esos mineros que se adentraban en las as entrañas de la tierra para extraer el carbón, en condiciones difíciles, y el sentimiento de camaradería que existía entre ellos». Y un plus. «Por aquel entonces veía que eran unos buenos estudios para trabajar en la provincia».
Pero todo cambió en muy poco tiempo. Y este joven nacido en Astorga ha cruzado el Atlántico y quién sabe si volverá. Como muchos jóvenes de su generación.
En Chile le ha servido de mucho su currículum, dos carreras, primero la de Ingeniero Técnico de Minas y luego la titulación superior, con varias matrículas de honor y un Premio Extraordinario por el proyecto fin de carrera sobre voladuras submarinas tutelado por Daniel Vázquez Silva.
Le encanta ser profesor y aún le gustaría más tener más experiencia sobre el terreno, en la mina, en perforación y tronadura y en tratamiento mineralógico. Echa de menos a sus padres y sus amigos y recuerda con afecto a su profesor Mario Lafuente Olalde, que tanto le enseñó, pero ha aprendido a disfrutar, y mucho, de un buen asado, un buen vino, una buena charla y la cálida temperatura de Santiago de Chile.