Diario de León

En el origen...

Rastreando el universo

Científicos del Centro de Astrobiología acercan la vida a la calle para explicar cómo buscan vida más allá de la tierra

Tres estudiantes de 4.º de ESO de la Salle extraen, junto a los científicos, el ADN de un tomate.

Tres estudiantes de 4.º de ESO de la Salle extraen, junto a los científicos, el ADN de un tomate.

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A.G. VALENCIA | ASTORGA
León

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¿Qué tienen en común un tomate, Cola Cao, harina o hielo seco con la ciencia? Todos son productos de andar por casa que además sirven para explicar cómo se adapta y evoluciona la vida en condiciones extremas para conocer su origen.

Ciencia al más alto nivel apta para todos los públicos. Miriam García Villadangos, con raíces en la Valduerna, y Juan Ángel Vaquerizo son dos científicos del Centro de Astrobiología (CAB), un instituto mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), que están en Astorga, de la mano del proyecto Ciudad Ciencia, acercando a los estudiantes y al público en general su trabajo. Un día a día apasionante que se basa en conocer cómo evoluciona o se adapta la vida en condiciones extremas, para entender cómo se originó. Son rastreadores del Universo, una técnico de laboratorio y un astrofísico capaces de transmitir su pasión por buscar vida más allá de nuestro planeta. Para ello sólo necesitan lo que podría incluirse en cualquier lista de la compra: un tomate, harina, Cola Cao, hielo seco o agua. Así, con los guantes puestos, grandes y pequeños son protagonistas por unos minutos de los experimentos que conducen al estudio del origen de la vida. Los asistentes observan, entre otros fenómenos, cómo se forman los cráteres de impacto y hacen una extracción de ADN, tal y como se realiza en los laboratorios de biología y química.

Los científicos del Centro de Astrobiología desarrollan trabajo de campo para llevar a cabo sus investigaciones. Con su camión laboratorio se desplazan a distintos puntos del plantea donde las condiciones ayudan a recrear análogos terrestres por ejemplo de Marte. El lugar que más podría asemejarse al planeta Rojo sería Riotinto (Huelva). También han encontrado similitudes entre la Antártida y las lunas heladas, como Europa en Júpiter. Con estas similitudes los científicos comprueban cómo podría originarse vida en otros planetas y su evolución. Aseguran que si hay vida más allá es en el subsuelo.

Una teoría que puede resultar compleja pero que se entiende a la perfección gracias a los tres experimentos que Miriam y Juan Ángel realizan con los estudiantes y el público. Ahí es donde entran la harina o el Cola Cao. Los investigadores del centro acercan su trabajo de forma amena. Por eso, un tomate puede ser el mejor aliado para la extracción de ADN, «el DNI de todos los seres vivos», explica Miriam. El primer paso es, precisamente, romper el tomate con la ayuda de sal y una batidora para liberar las células y extraer el ADN, cuya hebra puede visualizarse fácilmente porque flota en etanol. Este procedimiento es el mismo que siguen los científicos del CAB en sus trabajos de campo. «Cuando se extrae el ADN se identifica el microorganismo», explican.

Algo parecido pasa con el fenómeno de los cráteres de impacto. Algo que de primeras puede parecer abstracto. Sin embargo, Miriam y Juan Ángel recrean esta realidad con harina, Cola Cao y pelotas de distinta densidad y masa. Este experimento parte de la geología. La harina simula el subsuelo de un planeta y el Cola Cao la corteza rocosa. Esta característica es importante, pues si la superficie fuera líquida el impacto no dejaría ver los resultados. Las pelotas, en el experimento, son nada menos que meteoritos. Este planeta de harina y cacao sirve para explicar las diferencias entre los cuerpos que chocan según su peso, origen o formación. Además, el cráter que originan es una perfecta fuente de información que arroja que hay en el subsuelo, cuando impactó o que consecuencias pudo tener. Cuenta Vaquerizo que los meteoritos, cometas o asteroides trasladan semillas de vida, de modo que impactando en uno u otro plantea rocoso pueden depositarla. Hay una teoría, denominada Panspermia, que explica el origen de la vida a través del traslado de la semilla en un meteorito, basándose en la idea de que el Universo es igual en todos los puntos. Y aquí podría estar la prueba.

Los científicos desgranan estas aplicaciones de la ciencia, que sirven para estudiar los cráteres que hay en la Tierra y en otros planetas y ayudan a entender cómo de este modo puede llegar a haber vida más allá de nuestras fronteras. En versión profesional, los investigadores del CAB cuentan en el centro con un enorme embudo que precisamente simula este mismo fenómeno.

El tercer experimento tampoco deja indiferente. Sigue el patrón de la sencillez para llegar al fondo de esta rama de la ciencia. El foco de la tercera prueba son las lunas heladas, en la Tierra el paisaje más similar es la Antártida. Estas lunas son cuerpos que orbitan alrededor de los planetas. Europa es quizá la luna helada más conocida de nuestro sistema solar. Así que partiendo de ella, Miriam y Juan Ángel explicaron a los chavales y al público el fenómeno del criomagmatismo, es decir, volcanes de frío, que atestiguan que en estos astros helados, debajo de la capa de hielo, puede haber un océano líquido, que expulsa vapor de agua. Por tanto si hay agua la química puede evolucionar hacia la vida.

En este experimento, muy visual y llamativo, el hielo seco simula esa capa helada. Encima al precipitar agua, ésta se congela abriendo las grietas y fracturas por donde sale el vapor. Exactamente el mismo fenómeno que ocurre en Europa —la luna helada de Júpiter— y que explica el fenómeno que reúne condiciones para que la vida se origine. Los científicos recalcaron que no se trata de vida inteligente. «Si alguien desde el Universo que estudiara la Tierra encontraría que el 80% es vida unicelular», argumentan.

Ciencia con los cinco sentidos. Un sabroso planeta, un tomate para extraer ADN o hielo seco y agua para entender la realidad de las lunas heladas. La ciencia sale a pie de calle y cogerle el gusto es más que una necesidad cuando palpar, oler, tocar, escuchar y ver ayudan a entender el origen de la vida.

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