Diario de León

¿qué pasa con los viveros?

AVANZAN. Los viveros y aceleradoras de empresas crecen y se consolidan como fórmula para impulsar el emprendimiento y la innovación. Galicia y Asturias son ejemplo de empuje y calidad. León ya no participa en el ránking nacional de incubadoras de iniciativas.

El asesoramiento debe mantenerse desde el inicio hasta después de que la empresa está en funcionamiento.

El asesoramiento debe mantenerse desde el inicio hasta después de que la empresa está en funcionamiento.

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Las autonomías en las que se dan las mejores prácticas en lo que a modelos y desarrollo de viveros de empresas se refiere están encabezadas por País Vasco, Madrid y Barcelona, eso no es ninguna sorpresa. Sin embargo Galicia y la Comunidad Valenciana les siguen, con Murcia. Son los resultados del ránking que elabora anualmente Funcas, un ránking que es un referente para conocer la evolución del escenario del apoyo a las iniciativas innovadoras y emprendedoras. El último destaca que «Galicia se convierte en un ejemplo a seguir», junto con Asturias, que se colocan entre las zonas con mejores incubadoras de nuevos proyectos.

Hasta ahora León participaba en este ránking con la valoración de los viveros que dependen del Instituto Leonés de Desarrollo Económico, Formación y Empleo (Ildefe), que sin embargo ha ‘desaparecido’ en la última edición. Desde el organismo municipal señalan que la exhaustiva documentación que se requiere para participar en este examen nacional de calidad de los servicios en las distintas fases de la incubación empresarial les ha llevado a rechazar participar en este proyecto. En todo caso, el conjunto de Castilla y León se sitúa entre las autonomías donde los viveros no destacan por tener las mejores prácticas.

La propia Funcas reconoce que la no participación de algunos viveros que sí colaboraron en ediciones anteriores «puede explicarse en la posible decepción por no alcanzar buenas posiciones»; aunque señala que el ránking «más que una competencia se trata de una herramienta para fomentar el desarrollo de mejores prácticas».

Las conclusiones del informe Los servicios que prestan los viveros de Empresas en España 2019/2020 destacan que la presencia de estas organizaciones «mantiene su consolidación y sedimentación en toda la geografía del país». De hecho, de las 17 autonomías 13 poseen viveros situados dentro de los 30 mejores», lo que evidencia «la buena gestión» en general de estas herramientas.

País Vasco tiene cinco de las incubadoras con mejores posiciones en el ránking, y aunque no tiene ninguno a la cabeza de las distintas prácticas que se evalúan «es la región con mayor incidencia» de estas iniciativas. Galicia «se convierte en un ejemplo a seguir, puesto que tiene el primero y el tercer mejor vivero del país»; mientras el segundo opera en Asturias y el cuarto y quinto en Murcia.

En todo caso, Funcas advierte sobre los resultados del Global Entrepreneurship Monitor, que «mencionan una importante disminución en la percepción de España como país promotor de emprendimiento». Un síntoma «para llamar la atención de autoridades y expertos en la materia».

Precisamente la actividad de los viveros «puede ser un factor para que repunte esta percepción de España como país emprendedor». Una política que de momento queda en manos fundamentalmente de las iniciativas públicas: «En los últimos años el aumento en la cantidad y calidad de los servicios que prestan los viveros de empresas es el resultado de programas del sector público».

Funcas aboga también porque estas herramientas se conviertan en «mecanismos de ejecución, coordinación y articulación en materia de educación, transferencia de tecnología y difusión de la cultura emprendedora».

El informe identifica en el país un total de 549 viveros, 72 más que en la anterior edición del informe. Y distingue además entre viveros, aceleradoras de empresas, ‘business angels’ y fondos de capital riesgo. Por lo que se refiere a las aceleradoras, «más jóvenes y especializadas», existen actualmente en torno a un centenar en el país y se concentran en Madrid y Cataluña, seguidas de País Vasco y Comunidad Valenciana. Y destaca que crecen con fuerza en Andalucía. La mayoría de ellas se han puesto en marcha a partir de 2013, y más de la mitad de ellas son privadas.

En el caso de las aceleradoras «se observa además una mayor especialización». Apenas un 23% de ellas son generalistas, mientras que los principales sectores en los que se centran son las tecnologías de la información y la salud. Sus objetivos no están en obtener beneficios, sino cada vez más en crear empresas viables y sostenibles y en volcarse en el crecimiento económico y la innovación abierta. Un tercio de estas aceleradoras están ubicadas en parques tecnológicos, una tendencia creciente.

Mientras que en los viveros más tradicionales el objetivo es ahorrar recursos a sus alojados para facilitar su crecimiento, ofreciendo infraestructuras (oficinas, conexión a internet, servicios administrativos,...) y servicios a precios reducidos; en las aceleradoras la finalidad es el aprendizaje intensivo.

En todo caso, en lo que a los viveros se refiere los expertos de Funcas señalan que surgen de procesos «bastante variados» dentro de la geografía nacional, por lo que proponen como de importancia fundamental «un conjunto de mecanismos y acciones comunes a desarrollarse en todos los viveros». Lo que permitiría estandarizar los procesos de incubación, y «así desarrollar mecanismos adecuados de seguimiento, control de calidad y optimización de los recursos destinados a la promoción de actividades empresariales».

Señala también la «cadena de etapas» en las que la ayuda al emprendimiento es necesaria, y que deben cumplirse para lograr el objetivo final de sacar al mercado empresas viables y exitosas.

Un camino que comienza por la difusión del espíritu emprendedor y la captación de emprendedores, una fase previa que también corresponde a la gestión de las incubadoras, a través de programas y cursos de formación y ofreciendo conferencias de expertos, formación para quien desee comenzar un negocio y «por encima de todas las cosas, divulgando las ventajas que ofrece la cultura emprendedora».

El asesoramiento inicial pasa por valorar la idea del emprendedor de forma rápida y encauzarlo en asuntos legales, obtención de recursos y realización de un plan de empresa. Y ese es el objetivo de la siguiente fase, la que se denomina de pre-incubación. Pasa por evaluar ya con detenimiento la idea y la forma jurídica, constatar la viabilidad y ofrecer espacios y mecanismos de seguimiento, además de asesoría de expertos. Al final de toda esta fase, que pasa también por determinar las habilidades del emprendedor para llevar a cabo el proyecto, se elabora el plan de negocio.

El siguiente paso es la creación de la empresa, con el apoyo en los trámites administrativos necesarios; para pasar después a la incubación: dentro del ambiente del vivero la empresa da sus pasos iniciales, con el apoyo y la asesoría de los expertos, que siguen orientando sobre los aspectos que puedan ir surgiendo en la práctica del negocio.

La última fase del período de incubación es la ‘graduación’ de la empresa. «Uno de los principales logros de un vivero es graduar empresas exitosas y con capacidad de sostenerse en el tiempo», aunque nunca deben perder el contacto con el vivero.

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