Natalia Prieto, la leonesa que lidera la revolución en el uso de las algas desde el País Vasco
La científica está diseñando el lenguaje en el que hablará la alimentación del futuro. Su trabajo sienta las bases para una industria que no solo alimente, sino que regenere ecosistemas y mejore la salud del consumidor

La investigadora leonesa Natalia Prieto en una imagen de archivo.
Luchar contra el desperdicio alimentario ya no es una opción y las algas podrían ser claves en este proceso. Desde el País Vasco, una leonesa está liderando una revolución en los alimentos con una investigación pionera para el aprovechamiento del Sargassum muticum, un alga invasiva procedente del Pacífico. El trabajo de Natalia Prieto Vidal se centra en la revalorización de la biomasa marina y terrestre y su transformación en nuevos productos alimenticios saludables y funcionales, la explotación sostenible de biomasa marina infrautilizada y la utilización de metabolitos bioactivos de residuos o subproductos alimentarios para desarrollar nuevos envases activos.
Prieto es licenciada en Biología por la Universidad de León y doctora en Calidad y Seguridad Alimentaria por la Universidad del País Vasco (EHU). En 2008 cursó un año en la Universidad de Gottingen (Alemania) a través de un programa Erasmus y, posteriormente, se trasladó a la EHU para estudiar el Máster en Calidad Alimentaria. Antes de comenzar su doctorado en la institución vasca trabajó durante seis meses como ‘research assistant’ en Alemania. Durante su tesis investigó sobre la calidad nutricional de la lubina y cómo diferentes procesados como el ahumado o el salado influyen en la vida útil del pescado, la calidad de sus lípidos y sus volátiles. A continuación, se mudó a Canadá para investigar en la Universidad Memorial de Terranova, donde trabajó en lípidos en diferentes matrices alimentarias y también a la Universidad de Guelph donde analizó carbohidratos en matrices alimentarias. Posteriormente, se trasladó a la Universidad de Aarhus (Dinamarca) gracias a una beca postdoctoral Marie Skłodowska-Curie para estudiar el sargazo y cómo revalorizar esta alga invasora para alimentos y bases. Después de terminar el proyecto se convirtió en Tenure Track Assistant Professor en el departamento de Ciencias de los Alimentos y este pasado 2025 fue seleccionada para el programa de atracción de talento del Gobierno vasco (Ikerbasque), en la categoría senior para estudiar las algas en la Universidad del País Vasco. Entre otros galardones ha recibido el premio EIT Innovator Fellowship, premio extraordinario de doctorado de la UPV/EHU, beca de posgrado FPI del Ministerio de Educación de España y la beca de Posgrado Leonardo Da Vinci de la Fundación Novia Salcedo. Actualmente, trabaja en el Centro de Investigación de Biología Marina Experimental y Biotecnología ‘Plentziako Itsas Estazioa’ (PiE-UPV/EHU) con las algas como biorrecurso sostenible y resiliente de fitoquímicos para alimentos y biomateriales beneficiosos para la salud.
«Este proyecto empezó en la Universidad de Aarhus como compilación de todas las investigaciones que había hecho hasta el momento. El objetivo es revalorizar un alga invasora como la Sargassum muticum, que es del Pacífico, pero viajó hasta las costas europeas de Portugal, el norte de España, Reino Unido, Irlanda e, incluso, Dinamarca. Es un alga con una proliferación muy amplia. Aunque había diferentes estrategias para eliminarlas, ninguna fue satisfactoria. Por ello, mi proyecto apostaba por conocer qué tipo de compuestos tiene, ver si eran bioactivos (compuestos con una actividad más allá de la nutrición) y extraerlos de manera sostenible para aplicarlos a matrices alimentarias y en envases para alargar la vida útil de los alimentos y reducir el desperdicio», explica Natalia Prieto.
Su trabajo responde a un cambio de paradigma en la ciencia de los alimentos: pasar de un enfoque puramente nutricional a uno de salud planetaria. Al investigar cómo las interacciones moleculares durante el procesado afectan la biodisponibilidad de los nutrientes, la doctora Vidal está sentando las bases para una industria que no solo alimente, sino que regenere ecosistemas y mejore la salud del consumidor.
En una primera fase, el proyecto se centró en la revalorización de los compuestos bioactivos de las algas. Primero, el equipo extrajo los compuestos de manera sostenible y, posteriormente, se reintrodujeron en una matriz alimentaria. «Esto tiene un impacto económico porque si utilizamos esta alga, no tenemos que deshacernos de ella. Ahora mismo se recogen de las playas e intentan eliminarlas. Eso conlleva un impacto económico y también ecológico porque el sargazo disminuye la biodiversidad de donde crece al no dejar proliferar a las algas autóctonas. Además, también tiene un impacto en los alimentos porque podemos generar con ellas productos de valor añadido», destaca la experta.

La investigadora leonesa Natalia Prieto con el sargazo.
Una de las líneas de investigación se centra en los lípidos de betaína para diseñar una nueva generación de liposomas (membranas capaces de encapsular sustancias para protegerlas y transportarlas eficientemente a células y tejidos) más estables que los convencionales. La estabilidad de los liposomas es un reto histórico en la industria alimentaria. El uso de estos lípidos marinos permite una liberación controlada y eficiente de compuestos sensibles, impulsando la ‘biotecnología azul’. A pesar de su importancia, no existe mucha literatura científica sobre ello. «Los lípidos se dividen en lípidos de almacenamiento y lípidos de membrana, que a su vez se diferencian en fosfolípidos y lípidos de betaína, en el caso de las algas. El proyecto que comenzó el año pasado y sigue en curso busca extraer estos lípidos que básicamente sustituyen a los fosfolípidos en las membranas celulares de las algas, pero realizan esa sustitución bajo ciertas condiciones. Cuando existen condiciones ambientales adversas (como una deficiencia nutricional de fosfóro) sustituyen a los fosfolípidos. Al no existir mucho conocimiento sobre ello, lo primero fue la extracción de forma sostenible con solventes ecológicos y, posteriormente, caracterizar sus propiedades físico-químicos para ver cómo se comportan e intentar usarlos como moléculas que se autoensamblan. Los liposomas son vesículas formadas de lípidos a las que podemos introducir compuestos bioactivos para su uso tanto en la industria alimentaria como biotecnológica. El impacto de este proyecto, al imitar la arquitectura celular de las membranas de las algas produciendo liposomas con estos lípidos, abriría la puerta a una nueva generación de soluciones biotecnológicas inspiradas en la naturaleza», detalla.
La sostenibilidad es otro de los pilares en las investigaciones de la leonesa. A pesar de que actualmente la gran mayoría de envases tienen un base de petróleo, los envases biodegradables con compuestos bioactivos (llamados envases activos) se han posicionado como una alternativa con buenas proyecciones de futuro debido a sus características ecológicas y sus propiedades beneficiosas. En este ámbito, la leonesa comenzó en Aarhus una investigación sobre envases biodegradables a través de subproductos alimentarios, en concreto, el almidón de los guisantes. «Cuando tienes estos envases puedes añadir unos compuestos bioactivos para dar una actividad a ese envase, es decir, interaccionar con el alimento y alargar su vida útil, por lo que reduce el desperdicio alimentario. Esto se traduce para una empresa en un menor coste económico y ambiental, aunque todavía se están dando los primeros pasos en este terreno porque el plástico es muy difícil de eliminar», explica la experta.
«Nosotros probamos estos envases bioactivos con pescado crudo. En nuestro proyecto sustituimos un envase firme y sólido por una capa protectora que eliminaba el crecimiento microbiano y la oxidación. Este último es uno de los responsables de que los lípidos del pescado se deterioren con el tiempo. Vimos que se podía alargar la vida útil de ese alimento hasta un 30%», añade.
Si bien este tipo de innovaciones se encuentran en una fase inicial, la experta asegura que investigaciones como el proyecto de extracción de las algas es «totalmente escalable a nivel industria y el procesado utilizado, la extrusión, ya se encuentra en la industria alimentaria». «Es bastante aplicable. El mayor problema que se plantea es la disposición continua de algas que sean homogéneas. Tener esa materia prima igual durante todo el año», recalca.
Las algas no solo el único producto revalorizable para la industria alimentaria. En una de las investigaciones, el equipo de Prieto empleó el subproducto generado por el aceite para producir nuevos alimentos. Al realizar la caracterización de sus compuestos, se dieron cuenta de que la biomasa era alta en proteína, pero contenía polifenoles, unos compuestos que pueden ser «antinutricionales al interaccionar con otros componentes de la biomasa, no permitiendo la absorción de algunos nutrientes». Por ello, el grupo utilizó la extrusión para eliminarlos y convertir esta biomasa en galletas altas en proteína, un producto alineado con las últimas tendencias en el sector alimentario.

El sargazo es una macroalga asociada al cambio climático.
Vuelta a España
Tras su paso por varias instituciones internacionales, la leonesa se encuentra instalada en la EHU con una ambiciosa propuesta con un objetivo: mejorar el sistema alimentario para hacerlo más sostenible. «El programa es la compilación de toda mi investigación hasta ahora. Desde el inicio de mi tesis me centré en el producto marino, aunque he estudiado también sobre productos agrícolas. Mis líneas de investigación son la revalorización del subproducto marino y valorización de producto todavía no explotado para crear una plataforma de conocimiento sobre la bioactividad, estructura y caracterización de compuestos. Próximamente, comenzaremos un proyecto sobre microalgas que tiene su origen en una amplia colección que posee la UPV a nivel europeo. Quiero caracterizar los lípidos de las algas más importantes y seleccionar aquellas con un interés biotecnológico, tanto por el tipo o la cantidad de lípido como el tipo de ácido graso anclado a estos lípidos. Esta investigación está prevista que comience este 2026 y se prolongue durante varios años. Nuestro objetivo es pasar de una colección a una aplicación. Queremos mejorar nuestra alimentación sin destrozar nuestro planeta», avanza Prieto.
Para el futuro, Natalia Prieto asegura que está «centrada en esta posición» y en «generar más puestos de trabajo para agrandar mi grupo y establecernos como un grupo referente de revalorización de subproductos marinos». La leonesa no solo estudia alimentos, sino que está diseñando el lenguaje en el que hablará la industria alimentaria para sobrevivir y liderar el mercado global del siglo XXI. Prieto ha demostrado cómo moléculas extraídas de fuentes naturales como las algas o el almidón de leguminosas pueden crear una ‘segunda piel’ para los alimentos. No se trata solo de conservar, sino de mejorar. Su investigación detalla cómo estos biopolímeros interactúan con el alimento para frenar la oxidación lipídica y el crecimiento microbiano, manteniendo las propiedades organolépticas intactas por más tiempo. Y es que la experta estudia cómo transformar lo que la industria considera ‘residuo’ en ‘recurso’. Un modelo exportable a diferentes biomasas para crear bio-recursos resilientes. En un marco europeo que penaliza los plásticos y exige procesos de residuo cero, las investigaciones de Natalia son la ‘hoja de ruta’ técnica para que cooperativas y empresas lideren la transición hacia la bioeconomía circular. Un futuro verde con sello leonés.