versus recesión comercial
Con la innovación como gancho, se «calaron» las ventas de automóviles. Espectaculares propuestas con los avances tecnológicos como bandera, no han conseguido lanzar las ventas del mercado automovilístico en 2011. Un año, el que termina, en números rojos para la industria del motor.

Objetivo: reactivar las ventas. Si el español es el mercado europeo que ofrece mayores descuentos para la compra de un automóvil, también es —lo ha sido en este 2011 que termina— uno de los más castigados por el descenso de las ventas.
Eso sí, la buena noticia -alguna tenía que haber- es que las factorías españolas de la industria automotriz tienen producción asegurada para los próximos años, con modelos de tecnología punta como telón de fondo y el marchamo de ser —las españolas— las factorías que mayores niveles de eficacia presentan a la hora de construir automóviles.
La unanimidad es manifiesta en las declaraciones de la inmensa mayoría de directivos de las firmas automovilísticas que operan en nuestro país: mantenimiento de producción y reajuste de redes comerciales para un 2012 que llama a la puerta… de las cadenas de montaje.
Con todo, la prioridad absoluta para fabricantes y exportadores es la reactivación de una estancada demanda; no sólo porque nadie fabrica donde no se vende —eso piensan los fabricantes—, también porque las cifras de 2011 arrojan un saldo tan negativo como que no se superarán las 800.000 unidades vendidas (alrededor de un 20% menos que el año pasado), lo que sitúa la comercialización del sector automovilístico español en niveles similares a los obtenidos en los años 1992 y 93, los de la crisis inmediatamente anterior a la actual, lo que viene a representar algo menos de la mitad del aquel récord histórico de 2005: 1.650.000 unidades de turismos y todoterrenos.
Con estos mimbres, los fabricantes tampoco parecen amilanarse en la propuesta de una oferta tecnológica como hacía años no se conocía en el sector: vehículos eléctricos «perfectamente utilizables» en el día a día y, sobre todo, interesantes propuestas híbridas (gasolina-eléstrico y diésel-eléctrico) que ponen de manifiesto, una vez más, la vitalidad tecnológica de un sector, no sólo clave para la mayoría de economías europeas -la española especialmente, con un alto porcentaje de nuestro PIB-, también para el desarrollo paralelo de la industria auxiliar que mantiene infinidad de puestos de trabajo en la pequeña y media empresa.
Apostar por modelos más eficientes y respetuosos con el medio ambiente es otra de las grandes metas de la industria automotriz… aunque ello les cueste una pasta a los fabricantes que, en la mayoría de los casos, tampoco repercuten tanto esa «tarifa tecnológica» en el comprador final.
Raro es el modelo, grande o pequeño, utilitario o lujoso, que no ofrece (de serie u opcional) dispositivos limpios como el «Star&Stop» (arranque/parada automática del motor en detenciones prolongadas), hoy tan generalizado y conocido -se supone- por el grueso de la tropa como en su día el ABS o la dirección asistida. Eso, por no hablar de las drásticas reducciones de consumos y emisiones en los motores de última hornada, de la optimización aerodinámica de las carrocerías, los neumáticos de baja resistencia a la rodadura o la también drástica reducción de la romana en el peso «en orden de marcha» de los modernos automóviles.
En fin… que ahí llega el 2012. ¡Que sea para bien!