El sueño de Le Mans...
En 1960, tras cuatro años de ausencia, el equipo de Briggs Cunningham volvía a monopolizar la atención de la nutrida asistencia a las 24 Heures Du Mans por la participación de tres Corvette de 4.6 litros en categoría GT, que tendrían que vérselas con la potente Scuderia Ferrari y sus, finalmente imbatibles, TR60 Testa Rossa, con motor V12 —aplicación siempre tan querida por Il Commendatore Enzo— de 3.0 litros y 300 CV, avalados ya por innumerables éxitos en las dos temporadas anteriores.
Aquellos tres Corvette, cinco Testa Rossa, el también debutante Jaguar E2A de 3.0 litros pilotado por Dan Gurney-Walt Hansgen que marcaría el mejor tiempo en los entrenamientos, y otras perlas como los tres impresionantes Maserati Tipo 61 Bridcage o el nutrido pelotón de Aston Martin DBR1… se batirían el cobre sobre el asfalto de La Sharte en pos de una gloria que, al cabo de 4.217,5 kilómetros cubiertos a 175 por hora de media, Paul Frère y Olivier Gendebien transportarían a las vitrinas de Maranello haciendo doblete con otro de los TR60 (Ricardo Rodríguez-A. Pilette) y con el DBR1 de Roy Salvadori y Jim Clark en tercera posición.
Habría que bajar hasta la octava plaza en la general para encontrar al único superviviente de los tres Corvette (Fitch-Grossman) pero… había merecido la pena y, sobre todo, se había puesto la primera piedra para futuras participaciones (más gloriosas y experimentadas) en la siempre sugestiva aventura de Le Mans a la que muy pocos fabricantes —por no decir ninguno— se han resistido…