alfa 4c
De Módena... para el mundo
Diseño entusiasta para una construcción artesanal. Bello y sofisticado. Puro nervio cincelado en una carrocería evocadora. «Puede» que no tan potente como hoy mandan los cánones (240 CV), aunque tan ligero (culto a la relación peso/potencia) como siempre «ha mandado» en los catálogos de la firma de Arese.

Heredero... de la esencia del Biscione. Hacía años, demasiados, que Alfa Romeo no enamoraba tanto -y tan bien- con un modelo de calle... trufado en pura competición —por las fuentes en las que bebe—; resurrección del Virus Alfa en el estricto cumplimiento de la norma: menos de una tonelada en vacío (895 kilos) y algo más de ella (1.050) en orden de marcha (depósito lleno, 40 litros, y conductor a bordo) con lo que cada caballo tiene que ocuparse en mover entre 4 y 5 kilos… dependiendo.
Prácticamente los mismos, traducidos a segundos —4,5—, que tarda en clavar el crono de cero a cien; aunque también puede presumir de marcar una punta de 258 por hora y un consumo medio de 6,8 litros por cada centenar de kilómetros… ¡un sueño!.
Eso sí, como en los viejos tiempos, que nadie busque aquí fruslería alguna: sin dirección asistida —¡imagínense las «maniobras» de estacionamiento o las curvas «largas»!—, sin guantera ni bolsas portaobjetos, sin ni siquiera regulación en el asiento del «copiloto» —nunca mejor dicho— ni mucho menos —¡menuda «ordinariez»!— climatización; el que la quiera, que la pague... aparte.
En los 54.000 euros, 62.300 si se ha optado por una de las 1.000 primeras unidades de la limitada «Launch Edition», Alfa «solamente» ofrece el placer de conducción, pura y dura, un sinfín de sensaciones y la posibilidad —¿les parece poco?— de poseer un heredero por vía directa de aquel preciosista 33 Stradale que dibujara, en 1967 —siempre la década prodigiosa, ya saben—, Franco Scaglione… sólo 18 unidades del «último GT», entre los años 67 y 69, con el V8 de 2.0 litros y 230 CV bufando bajo un capó zaguero de apertura completa, a imagen y semejanza de aquel otro histórico sucesor firmado por Lancia y llamado... Stratos, ¡qué recuerdos!
Hoy, la Anonima Lombarda Fabbrica Automobili, confía la producción de su joyita al Tridente de Maserati… en Módena —¡casi nada!—, compartiendo cadena -o casi- con lo más granado de Il Cavallino y una tecnología —como en las carreras— con el más puro ADN del que hasta el mismísimo Nicola Romeo estaría orgulloso: monocasco central en fibra de carbono, que pesa escasamente 65 kilos y da forma al habitáculo biplaza, y dos chasis (delantero/trasero, ¡como toda la vida!) en aluminio, para soportar los trenes de rodaje, los elementos de suspensión, el cambio TCT de 6 velocidades y, justo detrás de los asientos... el puro nervio del 1.7 litros tetracilíndrico turboalimentado y de inyección directa, el mismo que monta el Giulietta Quadrifoglio Verde, sólo que... subido a 240 CV y con una entrega de par de 35,7 metros/kilo a partir de las 2.200 vueltas y hasta las 4.250. Y ni siquiera -según los ingenieros de la marca- es la variante más extrema que «podría sacarse» de ésta mecánica.
Sea como fuere, el caso es que Alfa vuelve a hacernos soñar —¡que sigue siendo gratis!—, con la fórmula de siempre: motor central, romana contenida, recortadas dimensiones y ninguna concesión a lujos superfluos que «pudiesen» llegar a desvirtuar lo que verdaderamente importa: la esencia deportiva. ¡Auguri!.