Diario de León

Maserati

El Tridente… cumple 100 años

«Absolutamente opuesto a lo ordinario», artesanía del automóvil. El primero de diciembre de 1914 se fundaba en Bolonia la «Officine Alfieri Maserati». Sobre fondo azul y rojo, el Tridente de Neptuno pasaba a adueñarse de las «artesanales» calandras que mostrarían al mundo el hegemónico lanzamiento de una marca eterna. Arranca el centenario…

Publicado por
javier fernández
León

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Durante la primera mitad de los años treinta —del siglo pasado... claro—, aún antes de la entrada en escena de Mercedes y Auto Unión, tres marcas captarían la atención de los aficionados: Bugatti, Alfa Romeo... y Maserati. Entre las tres, se repartirían las victorias en todas las carreras importantes de la época.

Mientras el terceto Alfieri, Ernesto y Ettore se zambullían en la creación del primer Maserati, Brindo se quedaba en Isotta Fraschini, y el hermano artista, Mario, que ni siquiera sabía lo que era un motor... se apropiaba (a instancias del marqués Diego de Sterlich, amigo de Alfieri) del Tridente «del» Neptuno cuya estatua corona la fuente que preside la Piazza Maggiore Bolognessa... también de los colores azul y rojo de la bandera de Bolonia; el apellido familiar, comenzaba a entrar en la leyenda del automóvil.

Excepto Mario, pintor y —ya se ha dicho— «padre» del emblema de la marca, los demás hermanos Maserati han estado siempre estrechamente ligados a la ingeniería, diseño y fabricación de automóviles. Carlo abrió el camino a lomos de una bicicleta con motor monocilíndrico y con la que, en 1900, firmaría un récord de velocidad… ¡50 Km/h.!. Aunque serían Alfieri y Ettore quienes más pujasen por la compañía.

Maserati firmó su primer automóvil en 1926, el coche de carreras Tipo 26, que debutaría con victoria en la Targa Florio aquel mismo año; «sólo» el primero de una serie de éxitos entre los que se incluyen dos ediciones de las 500 Millas de Indianápolis, nueve victorias en Fórmula 1, incluido el título mundial de pilotos con Fangio en 1957.

Sería aquella década, entre 1951 y 1960, cuando la rivalidad en las pistas llevase a Maserati a codearse con lo más granado de la competición entonces: Alfa Romeo y Ferrari no le pondrían las cosas fáciles, así que, el fichaje del famoso ingeniero Gioacchino Colombo (uno de los históricos en Ferrari) supondría todo un risorgimento del Tridente (A6GCM) de la mano, eso también, de los santones del momento: el Chueco Juan Manuel Fangio y su pupilo, el Toro de la Pampa José Froilán Cabezón González; también Marimon, Bonetto y Graffenried redondeaban una formación de lujo.

El ingeniero Colombo sería el ideólogo del celebérrimo monoplaza 250F, y Fangio quien lo coronó campeón Mundial F1 en apretadísimos Grandes Premios, que devinieron en auténticas revanchas, frente a los Ferrari de Alberto Ascari y Giuseppe Nino Farina, entre otras celebridades de la época que, por cierto, también militaron en las filas del Tridente.

Después… los «competi-ción/cliente»: Birdcage —otra joya del Tridente—, el desarrollo conjunto con John Cooper (sí, sí… el del Mini) del motor de 12 cilindros, 3 válvulas y triple encendido (1965). Aunque el punto de inflexión sería el lanzamiento el 3500 GT y, también en la «era moderna», la primera generación del Quattroporte (1963), con la que Maserati acabaría creando un auténtico segmento de mercado inédito hasta entonces: el de la berlina deportiva de lujo.

Diciembre —éste diciembre— marca la «entrada oficial» de Maserati en «su» centenario.

Un siglo después de la fundación, 23.000 pedidos anuales (muchos, para un constructor artesanal) y la presencia comercial en 70 países, continúan mostrando al mundo las sugestivas realizaciones de la Casa del Tridente.

Huyendo de toda estandarización, mientras algunos automóviles se inspiran en formas geométricas, los Maserati están simplemente… inspirados: «Absolutamente Opuesto a lo Ordinario».

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