Ni convencional, ni aburrido
Ya sea berlina, break o monovolumen, los Citroën familiares han venido testimoniando una filosofía esencial para el chevron: conjugar un confort «plural», sin limitarse exclusivamente al conductor y, sobre todo, sin convencionalismos ni «aburrimiento estético» alguno..

Lástima que, finalmente, el prototipo C10 no brillase con luz propia, ni saltase a la cadena de montaje.
Como «dos gotas de agua». Y se llamaban… C4. Aunque también Type A, Type B, B2, B14; Type C, C2, C3; 5CV «Trèfle» (el que les explota a los inspectores Dupont en «Tintin au pays de l´or noir»... ya saben); Type C4 y C6 («C.G.L.» Citroën Grand Luxe), pintados en bicolor y hasta en versión de carrocería «torpedo» biplaza descapotable.
Por no hablar de los Type 8, 10 y 15 «Rosalie», mediada la década de los treinta, hasta desembocar... en el cambio supremo: el Traction… avant, sin duda alguna, uno de los primeros «coche del siglo» para Citroën (1934-1957).
¿Y el segundo? El Tiburón... claro, aquel DS del 55 que dejaría boquiabiertos —y ojipláticos— a propios y extraños; como también, en su estilo, el 2CV y la versión furgoneta, aquella «Cirila» capaz de cargar «de todo».
Más «hacía aquí», el CX (40 años mediante), el XM (un cuarto de siglo), el Ami6, el Berlingo, el Xsara Picasso y hasta la reinvención del concepto, trufado en innovación tecnológica y profusiones «táctiles» (pantallas incluidas)... el C4 Picasso y Grand Picasso. Tan práctica como interminable... la lista.
Claro que, pocas realizaciones tan impactantes —e «irrealizables»— como aquel visionario prototipo C10 «Goutte d´eau» que, a mediados de los cincuenta, planteaba el estudio de un proyecto nacido bajo la dirección del ingeniero André Lefebre.
La marca trabajaba entonces en el diseño de un vehículo muy ligero (menos de 400 kilos), compacto y económico, aunque capaz también de responder a las necesidades familiares y que, además se distinguía por una silueta inédita: afilada aerodinámica, una vía trasera más estrecha que la delantera y puertas «de gaviota».
Aún a pesar de sus —teóricos— excepcionales atributos técnicos, el proyecto no vería finalmente la luz; acabaría llamándose... Ami6, pero tenía «poco» que ver con la «Goutte d´eau»... ¡qué le vamos a hacer!.