Matemáticas… en mitad del desierto
Seat Históricos ha vuelto a reinar en el exigente recorrido desértico marroquí del Rally Classics África 2025. El Toledo Marathon (Antonio Rius — Carlos Jiménez) se ha alzado con la segunda posición en la clasificación general de la prueba.

Más de tres décadas después, la leyenda de Toledo Marathon singue tan viva como cuando en 1994 subió al podio en el Raid de Grecia o la Baja Aragón, ‘tratando’ de tú a tú a los equipos más punteros de la época. st
«Total… sólo hay que ir despacín y seguir el camino». Regularidad a prueba de cronómetro. Si alguien piensa que el pilotaje de regularidad es fácil, resulta evidente que nunca lo ha probado. Lo más probable es que, a los ‘cinco minutos’, acabe con dolor de cabeza, sudando más que en un gimnasio y… ‘jurando en arameo’.
Mantener una velocidad media constante y no perderse. Lo que desde fuera parece tan sencillo, acaba convirtiéndose en un exigente ejercicio de concentración, posiblemente de los más duros que puedan encontrarse en el automovilismo deportivo. Un inmisericorde juez situado en el cielo, en formato satélite que te bombardea permanentemente mientras pilotas dentro de un tramo. La organización de la carrera ha determinado previamente una velocidad exacta a la que se tiene que ir, de forma que hay un ‘avatar’ —posición ideal virtual— determinando milimétricamente esa posición.
Cada cierto tiempo, cambia la velocidad en función de la orografía y lo que los organizadores estimen oportuno; además, y de vez en cuando, el copiloto realiza un ajuste de distancia, sacándote de la posición: si se rueda sólo un metro adelantado, penalización; si vas un metro retrasado… penalización. Si, por el motivo que sea, un equipo participante pierde la posición de su ‘avatar’, se queda fuera de juego y le caen tantos puntos en contra, que de muy poco servirá lo que se haga para enderezar el tramo. Ni siquiera puede admirarse el paisaje, hay que mantener una total concentración mientras dure el tramo, que puede ser de una decena de kilómetros o de más de treinta.

La organización asegura que, en cada obstáculo, y hasta un centenar de metros a continuación, nunca dispara el dichoso satélite para saber si los participantes están o no en la posición ideal; por seguridad, y para dar tiempo a recuperarse de la maniobra. Que al frente de la organización esté el reputado copiloto Alex Romaní, y que el recorrido lo hayan ‘dibujado’ José María Serviá y Fina Román, ya es toda una garantía.
Pero que nadie diga que el pilotaje de regularidad es fácil porque se va despacín. Se corre… y mucho.
En buena medida, más difícil que la F1. Un piloto de Fórmula 1 va solo, centrándose en la trazada perfecta y con un equipo entero detrás, controlando cada variable. En la regularidad, no hay telemetría ni ingenieros con auriculares; lo único que se tiene es un copiloto que canta rumbos, —¡cap 85, pasamos a cap 135!— y una velocidad media que hay seguir; una velocidad variable, todo son números, y un aparato ‘Blunik’ que te recuerda constantemente que estás «más 3, menos 5, más 12 metros»… Así que, el cerebro de los participantes en pruebas de regularidad funciona tal un ‘Excel’ en tiempo real, acabando cada tramo medio ‘chalados’ intentando rodar permanentemente con el más y menos ‘0’.
Si en la F1 cada décima se gana con aerodinámica, potencia y maestría, en la regularidad cada segundo lo marca el piloto con el pie derecho, o el freno con el izquierdo o derecho, ‘a gusto del consumidor’, aunque con una coordinación quirúrgica con el copiloto. Si miras el paisaje, sólo un instante, ya vas tarde.
Escuela… para el Dakar. En el Rally Classics África, la regularidad ‘desértica’ es como un máster acelerado para cualquiera que sueñe con tomar la salida en el Dakar Classic.
Mantener unos exactos 47 por hora sobre un asfalto pulido, puede tener su gracia; hacerlo en Marruecos, con piedras, baches, arena y ‘oueds’… la conducción acaba por convertirse en una auténtica montaña rusa de acelerones, frenadas y correcciones milimétricas. Para Toni Rius, el experto piloto que gobierna del Seat Toledo Marathon (330 CV), todo es más fácil porque, aunque el Toledo Marathon haya cumplido 33 años, continúa siendo un coche muy competitivo en el desierto; lo que para un Ateca es un obstáculo que requiere maniobras varias o la necesidad de tomar un desvío en la ruta, para el Toledo sólo es un pequeño bache que la suspensión ‘se traga’ como si nada: solamente se necesita aminorar la marcha, pero rara vez cambiar la trayectoria, para recuperar la velocidad sin mayor problema; hay mucha potencia en su motor.
Así que, en este tipo de carreras el copiloto no es un mero acompañante, es más del 50% del piloto: sin sincronización… no hay resultados.

Ateca. Segundo protagonista… desértico
El desenlace del rallye estuvo marcado por la temida doble etapa maratón, disputada duranta la cuarta y quinta jornadas. Si asistencia externa, los participantes se enfrentaron a dunas gigantescas —similares a un edificio de 20 plantas—, que pondrían a prueba la resistencia física y capacidad de navegación de los equipos. Del amanecer al ocaso, la jornada maratoniana obligaría a poner en práctica diversas estrategias para que los equipos pudiesen ayudarse mutuamente en el supuesto de quedar atrapados en la arena, lo que ocurrió en multitud de ocasiones.
El exigente recorrido del RallyClassics Áfricá atravesó paisajes de película como Escaliar Céleste y Gara Medouar —escenarios de ‘La Momia’—, para adentrarse seguidamente en el majestuoso Erg Chebbi, donde los ‘waypoints’ y las dunas interminables se convirtieron en jueces implacables antes de que los participantes cruzasen bajo la ajedrezada en Erfoud.
Como en los antañones raids africanos, la etapa maratón volvería a convertirse en una gran criba: el mínimo error podía hundir en la general a cualquier participante, mientras que superarla con éxito también podía catapultarlo a la gloria.
El equipo Seat Históricos saldría reforzado: tres coches en el ‘Top 10’ absoluto, tras cubrir el recorrido en grupo ayudándose entre sí y, en ocasiones, incluso a otros participantes… los importante es alcanzar la meta.
Así, el RallyClassics África 2025 se abrochó con un innegable éxito para la Sociedad Española de Automóviles de Turismo, reforzando tanto la memoria deportiva de la marca como su capacidad de emocionar al volante, bien con un icono histórico como el Toledo Marathon o con los modernos y competitivos Ateca TDI Marathon.

