Espíritu del Éxtasis: inequívoco… Rolls-Royce
Desde 1911 la emblemática Dama corona los radiadores de los famosos automóviles. Los orígenes, y su inspiración, siguen siendo objeto de conjeturas, centradas en un par de teorías principales

El Susurro»… extasiado. El Espíritu del Éxtasis, también conocido en ocasiones como «El Susurro», ocupa un privilegiado -único- en el corazón de Rolls-Royce. Sus orígenes siguen siendo -aún hoy, 115 años después- materia de mitológica leyenda; además de hechos documentados, con algunos intrigantes detalles aún envueltos en misterio.
La Dama, es ampliamente reconocida, respetada y admirada, con una elegancia y gracia que le han venido asegurando su perdurable reconocimiento: personificando la ambición, el logro, la excelencia y el éxito, tal como lo ha hecho desde que ocupó por primera vez la «proa» de un automóvil Rolls-Royce… hace más de un siglo.
Al igual que los productos de la marca, también el Espíritu del Éxtasis ha evolucionado adoptando, a lo largo de su dilatada trayectoria, distintas posturas, a veces ligeramente más alta o más baja, permitiendo que el viento esculpiese sus fluidas vestimentas en formas sutilmente modificadas. Sin embargo, también es auténticamente atemporal: hoy en día, se asemeja más a los dibujos originales de 1911 realizados por su creador, el escultor e ilustrador Charles Sykes.
Para Rolls-Royce, es mucho más que una mascota o un mero símbolo: una conexión tangible con la herencia de la compañía a través de su rica historia, que involucra a muchos de los personajes fundamentales para Rolls-Royce, como el mismísimo Claude Johson primer director general.
Quizás lo más importante sea que, ya se cree a pie juntillas, que se basa -la mascota- en la vivaz, decidida y compleja Eleanor Thornton, lo que nos recuerda la esencial dimensión humana de lo que significa un Rolls-Royce, creado a mano para un cliente individual… la realización de un sueño.
El nacimiento… de un icono. En 1910, apenas seis años después de la fundación de la marca, ya era costumbre entre los propietarios decorar las rejillas de los radiadores de sus automóviles con mascotas especialmente encargadas a tal fin. Para disgusto del entonces director general de RR, Claude Johnson, solía tratarse de animales caricaturescos o personajes cómicos; así que, Johnson decidiría crear una mascota «oficial» que protegiese los productos de la empresa de lo que él consideraba añadidos «antiestéticos».
Entre el amplio círculo social de Johnson se contaba el pionero del automovilismo Lord Montagu de Beaulieu quien, como fundador y editor de la revista «The Car Illustrated», empleaba al ilustrador Charles Sykes, muchos de cuyos maravillosos diseños para anuncios y portadas de revistas se conservan en el mundialmente famoso Museo Victoria y Alberto (V&A) de Londres.Sykes, también era un consumado escultor creador, por aquella época (la fecha exacta sigue siendo un misterio), de una mascota para el RR Silver Ghost de Lord Montagu: una estatuilla de aluminio representando una joven con túnicas ondeantes, a lo que bautizó «El Susurro». Esta pieza original, junto con otras figuras del Espíritu del Éxtasis, se exhibe permanentemente en el Museo Nacional del Automóvil de Beaulieu.
Impresionado, a la par que inspirado, Johnson le pidió a Sykes que crease una nueva mascota para Rolls-Royce. Segú una versión de la historia, al recibir el encargo de Johnson, Sykes reinterpretaría sutilmente «El Susurro» para crear lo que se conocería como El Espíritu del Éxtasis. Una visión alternativa es que, en un viaje a París, Johnson quedaría impresionado por el arte de la marmórea estatua griega de la «Victoria Alada de Samotracia» -diosa de la victoria- esculpida en el 190 a. C. y exhibida en el Palacio del Louvre desde 1883. Algunos expertos han sugerido que sería esta antiquísima obra maestra helénica la que inspiraría a Sykes, conforme a las apetencias de Johnson.
La forma final del Espíritu del Éxtasis da credibilidad a ambas teorías: nace una joven etérea, entusiasmadamente inclinada hacia adelante, con los brazos extendidos hacia atrás, y fluidas túnicas que semejan darle alas. Eso sí, su expresión serena… tampoco ofrece pistas sobre los misterios que aún la rodean.