Diario de León
Publicado por
Ruth de andrés
León

Creado:

Actualizado:

enóloga

Una sociedad consumista y saciada tiene sus vicios y un montón de inconvenientes; como estas fechas en las que agasajamos de regalos sin ton ni son a un montón de gente a la que el resto del año ni les vemos el pelo. La ventaja de regalar a familiares y amigos es que sueles conocer, o al menos deberías, sus gustos y manías y esto facilita las cosas. Más problemático es el tema de los compromisos, así que al menos en lo que a mi respecta, me permito darles un consejo de lo mío. Habrán constatado que en los últimos años se ha desarrollado un amplio catálogo de aparatos relacionados con el mundo del vino. Regalos que se han puesto de moda y proliferan por doquier. Muchos de ellos son más adornos y esnobismo que otra cosa puesto que su inutilidad es manifiesta. Por tanto y para no caer en la trampa he elaborado el top cinco de los regalos que nunca deberían hacer a un amante del vino.

Los cubrebotellas: ya sean con forma de delantales, motivos navideños, trajes de gitana o de ganchillo no sólo son inútiles sino que estorban. No vemos ni la marca, ni la añada ni siquiera el color del vino. Al traste con la Unión Europea y su estricta legislación sobre las menciones de las etiquetas y también con los sesudos diseñadores y escribientes de los textos. Todo camuflado tras la obra de arte en ganchillo. Un primor.

Los portabotellas: desconozco si en vidas pasadas y en mesas repletas de sirvientes serían útiles. Ahora desde luego que no. No añade nada bueno y no deja de ser un incordio pasar la cestilla de un lado a otro de la mesa, con el riesgo de derramarlo todo. Absolutamente prescindible.

El termómetro: no entiendo la dichosa manía de incluir en el estuche del decantador un termómetro. Y siempre me he preguntado como se usa. ¿Lo metemos en la botella? no me nieguen que no es antihigiénico. Y si resulta que está caliente o frío, ¿prescindimos del vino o hacemos esperar a la comida hasta que el mercurio alcance su grado exacto? Sinceramente, no es práctico más bien una solemne tontería.

Los aparatos para acelerar la oxigenación: no me refiero a los preciosos decantadores, sino a un sinnúmero de utensilios que provocan una oxigenación del vino acelerando la evolución del producto. Suena inverosímil, ¿verdad?, así son los resultados. Algunas de estas joyas: son un dosificador de oxígeno como los de las peceras, un embudo con ducha para el decantador, con lo sencillo que es decantar más intensamente, y un aireador que se coloca en el cuello de la botella. El último lugar lo hemos reservado para las llaves del vino. Según los inventores, la aleación metálica especial y secreta de estas llaves provoca envejecimiento, a razón de un año por cada segundo de contacto con un decilitro de producto. ¿Se imaginan que maravilla? O sea que cogemos una copa de vino joven y en 10 segundos de contacto con las llaves... obtenemos un vino de 10 años. Estupendo, tantos años de universidad, tantos desvelos, tanta investigación para que la solución esté en esas llaves; y todo por sólo 89 euros.

Y para concluir la recomendación que nunca falla: a un buen amante del vino regálenle un buen vino. Así de sencillo.

tracking