El otro desnudo de Tita
La baronesa vuelve a destaparse en «Interviú», aunque sin quitarse la ropa, e insiste en las razones por las que no se habla con su hijo
A la baronesa, en el fondo, le encanta salir en los papeles. Le resulta difícil contener la lengua. Necesita insistir en las razones por las cuales hace un año que no se habla con su hijo, Borja. Señalar por enésima vez al enemigo: su nuera, Blanca Cuesta. No, esta vez Tita no aparece desnuda. Lo hizo, décadas atrás, cuando, según su propia versión, la medio obligó el pérfido (además de bígamo) Espartaco Santoni. Y volvió a hacerlo, embarazada, cuando, siempre según su versión, la engañó un fotógrafo que luego vendió esas fotos. Ahora, en cambio, a punto de cumplir los 67 años (el próximo 23 de abril, Sant Jordi) el destape de la baronesa ha sido totalmente voluntario (ya no hay quien la engañe) y por supuesto nada carnal, puramente mental, emocional, un lento strip-tease ejecutado a través de una sorprendente entrevista (no por el contenido, sino por el entrevistador) realizada por el escritor Juan José Millás.
En cualquier caso, nada nuevo bajo el sol. Tita Cervera presume de no haber cambiado en todos estos años. Sus amigos lo comentan a menudo, y a ella le encanta escucharlo. Tiene razón. Sigue siendo fiel a sí misma y, como buena Tauro cabezota, a sus propias obsesiones. De modo que, por más que las preguntas intenten ser diferentes, su discurso permanece inalterable, idéntico al que ha mantenido infinidad de veces en la revista ¡Hola!. Y es que esta mujer de origen navarro y nacida en la catalana Sitges, el día del libro y la rosa, lleva muchos años moviéndose en imposible equilibrio entre el mundo rosa y el intelectual; con una clara tendencia a escorarse hacia el primero.
María del Carmen Rosario Soledad Cervera y Fernández de la Guerra, aficionada según confiesa ella misma a lo esotérico y paranormal, venía ya predestinada desde la cuna, como su propio nombre indica, a la guerra y a la soledad. De las dos sabe mucho Tita. «Estoy sola y soy mi propia consejera», admite. Lo cual se nota bastante. El barón, su difunto marido, jamás le habría consentido hablar tan abiertamente, tan a lo Belén Esteban (aunque en fino) sobre los disgustos que le está dando su hijo desde que, según ella, decidió abandonar un brillante porvenir como hombre de negocios, capitán de barco o piloto de helicóptero (tres disciplinas en las que dice que destacaba antes de conocer a Blanca Cuesta) y convertirse en carne de tatuaje y de gimnasio.
Nuevas Thyssen-Bornemisza
Si el barón levantara la cabeza se encontraría con que el niño al que adoptó en 1984 y a quien trató como a un hijo a la hora de hacer testamento, está hecho un motero culturista con tendencia a la ociosidad. Se ha casado sin el consentimiento de su madre con una joven enfermera -”que aspiraba a modelo y se quedó en mera consorte de rico heredero-”, está próximo a convertirse en padre de un segundo retoño y ha mantenido una batalla sin cuartel con su progenitora por demostrar la paternidad de su primer hijo -”Tita dudaba que fuera de él-” y también por una porción de la herencia.
Y eso, con ser chocante, no sería lo más gordo, pues si de verdad levantara la cabeza el barón se encontraría también con que hay dos nuevas Thyssen-Bornemisza Cervera en el mundo. Que su viuda volvió a ser madre con más de 60 años.
Madre adoptiva de dos mellizas, presuntamente gestadas en un vientre de alquiler, y cuyo origen genético y ADN ha sido motivo de debate nacional, tanto o más que el del nieto, pues hubo quien insinuó que las niñas eran en realidad hijas biológicas de Borja.
Y por si no tuviera suficientes emociones -”demasiado peligrosas para un frágil corazón-” aún habría que informarle al barón de las rentables apariciones televisivas del padre biológico del heredero, Manolo Segura, uno de los últimos en sumarse a este incomparable circo mediático. Todo eso -”y más-”, en los apenas 8 años que Heini Thyssen lleva ausente de este mundo.