Pequeñas joyas
enóloga
Reconozco que, por mi profesión, soy una privil egiada puesto que a menudo tengo ocasión de catar vinos carísimos sin pagarlos. Son vinos estupendos, magníficamente hechos y no voy entrar a discutir si su precio está o no justificado. Esta valoración es completamente subjetiva y la verdad no se me ocurre nadie que pueda decidirlo. Son vinos originales, que se salen de la norma por alguna razón y eso los hace especiales y codiciados.
De cualquier modo, no es de esos vinos de los que me interesa hablar. Esos vinos son tan minoritarios y tan poco accesibles que escapan a la mayoría. Me interesa más hablar de pequeñas joyas, de vinos interesantes por menos de diez euros. Además, siempre he considerado que hacer un vino así tiene mucho mérito. Porque la verdad contar con todos los medios técnicos y humanos, donde no se ha escatimado dinero en nada y hacer un vino soberbio, no tiene mucho mérito. El verdadero valor es hacerlo con estrecheces. Por eso, me alegro más cuando topo con alguno de estos vinos económicos que sé que podré tomar cada día sin necesidad de un gran dispendio y sin esperar que sea fiesta.
Así que, de estas pequeñas joyas me han sorprendido últimamente unas garnachas de Aragón estupendas: vinos tintos jóvenes, sin nada de barrica, frescos, ligeros, sabrosos-¦ una delicia. Y que nadie se equivoque porque hacer un vino joven es complicado. También me han llamado la atención varios vinos blancos de la variedad godello de Valdeorras, densos y perfumados. Y lo que ha sido un auténtico descubrimiento son algunos vinos tintos portugueses agradables y muy muy bien elaborados. Deberíamos mirar con más cariño a nuestros vecinos y descubrir cosas bien interesantes que se hacen al otro lado de la frontera. A mi me abrió los ojos alguien que aunque no tiene nada que ver con el vino, es un estupendo catador. De estos vinos, hay muchos en cualquier región medianamente vitícola de España y Portugal. Pero lo realmente complicado es donde encontrarlos y comprarlos. La mayoría salen de bodegas familiares de las que la mayoría de nosotros no hemos oído hablar en nuestra vida, con producciones limitadas y las ideas claras. Bodegueros que conocen sus cepas y las posibilidades de sus uvas y en base a esta experiencia consiguen cada año sacar vinos fenomenales. No estoy hablando de industrias del vino o marcas que todos tenemos en la cabeza, sino de bodegas de verdad. Bodegas que luego desgraciadamente encuentran serias dificultades para hacer llegar sus magníficos productos a los aficionados. Es triste que estas joyas sean inaccesibles, no por su precio sino porque no hay un canal donde comprarlos. Una verdadera lástima.
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