Los guirrios ya son lisboetas
Por tercer año, la Asociación de Toros y Guirrios de Velilla dela Reina participa en el desfile de máscaras de la capital lusa
Las ruas lisboetas están muy lejos de la plaza de la Veiga, pero los guirrios de Velilla de la Reina ya no ven la capital portuguesa como algo extraño. Año tras año se van haciendo con el país luso y con el ambiente de esas calles bañadas por el Tajo. Éste ha sido el tercer año que la Asociación Cultural Toros y Guirrios de Velilla de la Reina ha participado en el Festival da Máscara Ibérica que cada mes de mayo se celebra en Lisboa.
El viaje es duro desde el pequeño pueblo leonés, cerca de 720 kilómetros de distancia, para, vestidos con sus coloridos trajes del antruejo, salir bailando, danzando y blandiendo las varas verdes desde la plaza del Municipio, recorrer la rua Augusta y llegar a la populosa plaza del Rossio. Un autobús entero, cargado de pieles, sacos, osamentas de animales y telas blancas adornadas con colonias de colores partió un viernes, de madrugada, de la plaza de la Veiga con destino Lisboa y sin un sólo asiento libre.
Velilla de la Reina volvió a encantar a los lisboetas. El colorido de las caretas de los guirrios y los madamitos, llenas de abanicos de colores, se han convertido en todo un símbolo y ya son muchos los portugueses que tienen referencias de este pequeño pueblo, que no llega al centenar de habitantes. «Tú estuviste ya el año pasado», aseveró tajantemente uno de los espectadores del festival a una joven que acababa de quitarse la careta, empapada en sudor. Pero más emocionado, comentó que siempre esperaba al final del desfile para poder ver este antruejo ancestral: «Sois los de Velilla, me gustan muchos vuestras caretas, son las más alegres y divertidas del festival y, además, tienen un alto valor etnográfico. Pero lo que más me gusta es la interrelación de generaciones que siempre hay, desde los más jóvenes a los mayores», aseguró mezclando palabras en castellano y en portugués, tras apostillar que era profesor de historia y ametrallar a preguntas a la joven.
La Asociación Cultural Toros y Guirrios de Velilla de la Reina suele cerrar el festival por su vistosidad y colorido, como apuntan desde la organización del Festival da Máscara Ibérica, que lleva cinco años celebrándose, tres de ellos con la presencia de los guirrios leoneses. Este año, participaron en el encuentro cerca de medio millar de personas, que formaban parte de 17 grupos. Seis fueron los representantes portugueses: Los Caretos de Lazarim, de Lamego; los Caretos de Podence, de Macedo de Cavaleiros, Os Máscaros de Vila Boa, de Vinhais; Os Caretos da Lagoa, de la localidad de Mira; O Chocalheiro da Bemposta, de Mogadouro y O Velho de Vale de Porco, Mogadouro.
La comitiva española fue mucho más amplia y en total participaron doce grupos. Los Boteiros de Viana do Bolo, de Galicia; de la provincia de Zamora llegaron a Lisboa cinco grupos: La Vaca Bayona de Almeida de Sayago, La Filandorra de Ferreras de Arriba, Los Carnavales de Villanueva de Valrojo, El Pajarico y El Caballico, de Villarino Tras la Sierra y la Vaca Antrueja, de Pereruela de Sayago. Cáceres fue otra de las provincias españolas con más representación con Las Carantoñas, de San Sebastián de Acehúche y las Jarramplas, de Piornal; después los cántabros de la Vijanera de Silió y los dos grupos asturianos los Sidros y la Comedia, de Valdesoto, y Los Reises, de Valledor. Este año, además de todos los representantes de la Península Ibérica, también acudieron al desfile el numeroso grupo de irlandeses de The Mummers, que se ataviaron con su trajes hechos con vegetales.
De Velilla al Cossío.
Los guirrios y los toros, los principales personajes del antruejo de Velilla de la Reina, encabezaron la comitiva. Con sus caretas, los más jóvenes de la expedición leonesa volvieron a lucirse en el arte del toreo, sobre todo, en el de torear a las mozas. Como manda la tradición y el rito que cada año se celebra el domingo de antruejo, los guirrios agarraron por la cintura a unas cuantas lisboetas despistadas, desconocedoras de la picaresca velillense, y las hicieron saltar por encima de las astas del toro. Tradicionalmente, el objetivo era ver qué llevaban las jóvenes, las mozas casaderas, debajo de las faldas.
Tras ellos, el sinfín de personajes del antruejo. Son contadas las ocasiones que los miembros de la asociación se visten con estos trajes más allá del domingo de antruejo, pero parece ser que Lisboa también se está convirtiendo en una cita obligada. La cernada divirtió y asustó a muchos de los que se agolparon en el centro de Lisboa para disfrutar del desfile. Durante el recorrido esparció las cenizas por las calles, levantando polvo y haciéndose notar. Las carracas de los madamitos, las tripas hinchadas y secas y las tenazas también intentaron sorprender y capturar alguna que otra pierna portuguesa. El oso volvió a lucir su pellejo blanco, tal y como antiguamente se hacía mientras su dueño le intentaba controlar, y la fiesta, el color y la picaresca volvieron a ser los protagonistas.
Velilla de la Reina se ha convertido en sí mismo en un pueblo museo, en un escaparate que recoge muchas de las tradiciones que se estaban perdiendo en otros pueblos del municipio. A Portugal también fueron la zampa, el pellejo, el hombre de las tenazas, un enano, la giganta y varios toros que más que bravos se convirtieron en saltarines y en «embriscadores».
Durante todo el recorrido por las calles de Lisboa los personajes velillenses no dejaron de moverse. Saltaron para que los cencerros que llevan atados, con cinturones de pieles, resonaran más allá del Atlántico, movieron las varas para hacerse hueco entre los portugueses que se agolpaban en las paredes para ver el desfile y molestaron e incordiaron a los turistas que tranquilamente se estaban tomando un refrigerio en las terrazas de las calles peatonales. Muchos de ellos paraban a estos personajes hechos de saco o de pulidas telas blancas para hacerse una foto. Los guirrios, los toros, los madamitos, la gomia, la birria el torero y el gitano se convirtieron en estrellas mediáticas por un día y a su alrededor no dejaron de saltar los flashes.
Los más jóvenes del grupo, los que lucen los toros y los guirrios -”personajes simbólicos del antruejo velillense-” cerraron su desfile con unos pases en la plaza de Don Pedro IV. Allí, los guirrios volvieron a cruzarse con los toros y ante ellos se agacharon para dejarles pasar. Así, cumplieron con su ritual de fertilidad en tierras lusas ante la expectación de todos aquellos que los veían por primera vez. Tras ellos, todos los personajes, que fueron desfilando uno a uno o en grupos y parejas por el escenario para poder ser admirados por todos. Las bailadoras y pandereteras y la chifla y el tamboril pusieron la música a este desfile popular y folclórico del que aún hoy en día se desconoce su origen exacto.
Las máscaras son el eje central del desfile de Lisboa. En él participan máscaras de todo tipo, de madera, de papel y cartón como las velillenses, tejidas con productos vegetales... Algunas de ellas tienen conexiones entre sí y parecen compartir el mismo origen. Otras, se enfrentan completamente, aunque la mayoría suelen utilizarse en los días de carnaval, en las jornadas previas a la austeridad que marca la llegada de la Cuaresma.
El símbolo
Los toros y los guirrios se han convertido en el símbolo del pequeño pueblo de Velilla de la Reina, en su máximo exponente y en el verdadero atractivo de la localidad, porque como comentaba aquel portugués, consigue que diferentes generaciones se impliquen en la celebración del antruejo y que las antiguas tradiciones no se olviden y no se sumen a aquellas que ya nadie recuerda ni celebra.
Los velillenses han conseguido que los que no lo son también participen en estas celebraciones y reúnen entorno al antruejo y a los filandones a leoneses que desean sumergirse en la cultura más ancestral de la provincia, todo ello acompañado por la música del rabel, que también está en boga en Velilla de la Reina. Un pueblo en el que el pasado renace cada domingo de antruejo y en el que las nuevas tendencias conviven con los ritos ancestrales de la fertilidad de la mujer y de la tierra.