Diario de León
Publicado por
Ruth de andrés
León

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enóloga

Revisando unos apuntes de hace tiempo encontré un artículo aparecido en la revista TodoVino hace unos seis años acerca de las tendencias para los próximos tiempos en el mundo vitícola español. Vaya por delante que siempre he respetado la seriedad y profesionalidad de la revista, cuyos artículos son entretenidos y rigurosos, cosa poco habitual entre los periodistas del vino. Fue muy instructivo volver a leer aquellas líneas escritas desde el más absoluto optimismo, cuando la palabra crisis no entraba en nuestro vocabulario. El articulista, ni por supuesto muchos de las bodegas allí retratadas, sabían la que se les venía encima y por eso, los comentarios resultan hoy casi naïfs e ingenuos, hablando triunfalmente de un futuro que antes parecía tan seguro y bello y ahora resulta incierto y sombrío.

Hablaba por ejemplo del enorme auge de los vinos robustos y densos, potentes e intensos, con precios desorbitados. Vinos con una gran demanda en aquellos años, muy bien valorados por los periodistas que triunfaban aquí y allá pero muchos de los cuales se han quedado en el camino. Sus precios no estaban justificados por su calidad y ha llegado el ajuste.

Citaba también la pérdida de tipicidad de los vinos. No interesaba de donde vinieran los vinos y por tanto a donde iban. Ahora sabemos que no iban a ningún sitio. Esta moda de vinos super-estructurados minimizaba la importancia de que el vino fuese de Jumilla o de Galicia, de Mencía o de Negramoll, a favor de la máxima extracción de sus componentes. No sólo fue una tendencia española sino mundial.

En los concursos, los sumilleres tenían auténticas meteduras de pata al no ser capaces de diferenciar un vino australiano de uno del Ródano o un Californiano de un Argentino. No era culpa suya ni de su nariz. Perdimos la tipicidad a favor de un gusto mundial.

Quisimos hacer Coca-Cola para agradar a todos. La unificación de prácticas vitícolas y enológicas hace que vinos de distintas zonas se parezcan mucho más ahora que hace unos años. Es algo que nos sigue ocurriendo pero ahora valoramos y resaltamos la diferencia. Por suerte para todos, hemos vuelto a nuestras raíces y ahora nos gusta que la Mencía sepa a Mencía y los vinos de Jumilla nos recuerden al sol Mediterráneo.

Porque lo que realmente nunca pasa de moda son los vinos bien hechos y agradables de beber. Algo tan obvio, parecía casi olvidado.

Se sacrificó la elegancia y la fineza a favor de la estructura y la rotundidad. Eso ha sido algo positivo de esta crisis. Nos hemos dado cuenta de que lo esencial lo teníamos en casa y lo escondíamos. Ahora sabemos que hay cosas que nunca pasan de moda.

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