Diario de León

Muerte, cantos y bailes

Los ritos fúnebres africanos ancestrales desafían la modernidad y se instalan en las celebraciones del Caribe colombiano La cultura de Palenque despide a los suyos con el «lumbalú», la principal ceremonia originaria de las tierras b

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ricardo maldonado
León

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En Colombia, donde se concentra la segunda mayor comunidad de origen africano de América Latina, por detrás de Brasil, los ritos fúnebres que preservaron los descendientes de esclavos siguen desafiando a la modernidad.

El escenario es San Basilio de Palenque, el primer pueblo liberto de América ubicado a 50 kilómetros de la caribeña Cartagena de Indias, donde el pasado fin de semana la cadencia de los tambores anunciaron la muerte de Cha-ine, la mujer más anciana del pueblo que a sus 103 años se unió a las orishas (deidades).

Inés Ortega Cassiani, conocida por su nombre palanquero Cha-ine, fue un exponente de la consagración de la cultura de Palenque, donde dedicó toda su vida al baile y al canto, y a encabezar con su arte ritos de vida y de muerte.

A Cha-ine la despidió su pueblo con el lumbalú , la principal ceremonia fúnebre originaria de las tierras bantú en África. «Es el ritual con el que los palenqueros contribuimos a que ese alma que se desprende del cuerpo se conduzca y llegue a ese otro mundo», explicó el profesor etnoligüístico y promotor cultural de la localidad, Manuel Pérez. Y «es a través de esos bailes y cantos como preparamos el camino y guiamos el alma del difundo al lugar donde se va a quedar para la eternidad», añadió.

El lumbalú sintetiza el universo corporal y simbólico de los palenqueros y representa la cohesión entre la música, el baile, la vida y la muerte de estos descendientes de los negros esclavos que fueron llevados a América por los colonizadores europeos entre los siglos XVI y XVIII.

Un pueblo casi intacto

Su empeño en mantener vivas las tradiciones y trasmitirlas de generación en generación ha permitido que este pueblo se preserve casi intacto.

Ha sido «gracias a la resistencia que hemos ejercido durante años para mantenernos puros, así hemos logrado que lo que nos han dejado nuestros ancestros africanos perviva», aseveró Pérez. Y es que este pueblo ha estado aislado muchos años, desde que algunos esclavos hastiados de la explotación de los criollos y los españoles huyeron de ciudades de lo que entonces era el Virreinato de Nueva Granada y se refugiaron en los Montes de María, donde fundaron Palenque, conocido hoy como San Basilio. Allí estuvieron alejados del mundo exterior hasta 1971, ya bien entrado el siglo XX.

En busca de oportunidades

Pérez, quien dice sentir «un orgullo enorme por ser auténtico», ve, sin embargo, con preocupación la amenaza que se cierne sobre su cultura ya que muchos palenqueros asfixiados por la pobreza comienzan a salir del terruño en busca de oportunidades.

«Estamos en riesgo dado que hoy es muy común que el palenquero salga a trabajar y se quede por fuera mucho tiempo», sostuvo Manuel Pérez.

Este líder confía en que la fuerza espiritual que les ha permitido ser lo que hoy son les ayude a preservar su cultura a pesar del modernismo y la globalización, factores que «si pueden contribuir a que en algún momento las costumbres se pierdan», según dijo.

Manuel Pérez explica esta inquietud mientras varios hombres, pero sobre todo mujeres, bailan y cantan alrededor del cadáver de Cha-ine, muchas lloran y expresan su dolor o leco con gritos desgarrados: reclaman a la difunta por haberlas dejado solas en el mundo de los vivos.

Gritos y ron

Esos gritos se confunden con los cantos del lumbalú , mientras los amigos más cercanos de la difunta ( cuagro ) se estimulan con la ingesta de ñeque , un fuerte ron destilado de forma rudimentaria en un alambique. Así crean una atmósfera de éxtasis y llegan al trance colectivo.

San Basilio de Palenque fue el primer pueblo creado en América por negros esclavos libertos y además preserva casi intacta su cultura y lengua palenquera (criollo con base léxica española que conserva características morfosintácticas del bantú africano).

Este pueblo fue declarado en el 2005 Obra Maestra del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, lo que contrasta con la pobreza extrema en la que viven sus 2.500 habitantes sin ni siquiera servicios públicos básicos.

Aunque el pueblo de Palenque atrae a muchas personas e instituciones a nivel internacional por su gran riqueza cultural, el Estado colombiano le da la espalda. Allí no hay un médico permanente, las comunicaciones son prácticamente nulas, el agua es de mala calidad y la asistencia social precaria.

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