León
manuel cantalapiedra ha puesto fin a tres generaciones de uno de los negocios emblemáticos de la capital leonesa. fue gestoría, inmobiliaria, agencia de viajes. muchos leoneses compraron allí su primer piso o se fueron de vacaciones por primer

Manuel Cantalapiedra, en el viejo despacho de las instalaciones de la Calle Ancha.
Hace dos años, la Cámara de Comercio e Industria de León homenajeó a 21 empresas de la provincia que habían alcanzado los 100 años de vida. El galardón, consistente en un diploma y una medalla, coincidiendo con la celebración del centenario de la institución cameral, quería reconocer «de una forma sencilla y discreta pero también emotiva la dilatada trayectoria empresarial de estos negocios y el esfuerzo diario, silencioso y generoso de sus responsables». Entre los 21 premiados se encontraron empresas como el Diario de León, la Hullera Vasco Leonesa, el Balneario de Caldas de Luna, Caja España, el BBVA, la Agencia Cantalapiedra, la Armería Castro, la cafetería Victoria, el Colegio Leonés, Embutidos Rodríguez o los almacenes Bodelón de Ponferrada, Villarejo de Bembibre y Pablos o los restaurantes Truchero de Palanquinos y Casa Cubelos de la capital berciana. O la confitería Ferrero de Bembibre, las farmacias Mata Espeso y Merino, las ferreterías Silva y Pacios o la firma Viloria Hermanos de Torre del Bierzo.
Manuel Cantalapiedra añadió aquella distinción a una larga lista de reconocimientos de su padre y su abuelo que aún hoy cuelgan de las paredes del negocio familiar en cuadros bien enmarcados. La inmobiliaria Cantalapiedra cierra después de casi un siglo de vida. Manuel se ha jubilado y con él también se van tantos y tantos recuerdos de aquel negocio en el que muchos leoneses pusieron a la venta su primer piso o se fueron de vacaciones por primera vez.
Aunque la actividad fue decreciendo en los últimos años, Manuel se mantuvo al pie del negocio hasta hace bien poco. Cada mañana ha abierto la llave de la puerta de la sede de la Calle Ancha como algo que había que hacer todos los días, porque así lo había vivido desde pequeño.
Su padre y su abuelo empezaron en la calle Sierra Pambley, en el edificio que muchos conocen por contar con un portal que decoran conjuntos de azulejos del maestro Zuloaga.
Donde después ha estado la oficina, en la Calle Ancha, fue antes sede de un banco. Tal era el volumen de negocio -gestoría, inmobiliaria, habilitación de lo que entonces se llamaban clases pasivas, agencia de viajes...- que de aquella pequeña oficina decidieron cambiar a uno de los bajos más emblemáticos de la ciudad.
Manuel recuerda aquellos años como años de mucho trabajo. Los viajes no eran entonces sólo de placer. Muchos emigrantes también utilizaban sus servicios para viajar a Argentina, Cuba, Francia o México. También en Cantalapiedra pedían documentación, o tramitaban la herencia familiar. Y es que, gracias a aquel volumen de negocio, Cantalapiedra contaba con agentes en muchos países y casi todas las capitales de provincia de España.
«Los primeros viajes de novios que gestionamos eran casi siempre a Mallorca», recuerda Manuel Cantalapiedra.
En su caso, cierra porque se jubila y porque sus hijos ya tienen sus propias actividades y no quieren continuar con un negocio que ha cambiado mucho desde aquellos años en los que su padre y su abuelo tenían que hacer cursos y más cursos para colegiarse; hoy, con casi todos los sectores que atendían, están liberalizados.
De todas formas, su situación es muy parecida en las denominadas empresas familiares. Sólo una cuarta parte de las que tienen carácter familiar llegan a la tercera generación, y apenas un 3% sobrevive a la cuarta generación de empresarios. Precisamente la supervivencia es el principal reto de los negocios gestionados por familias, y únicamente la mitad de las compañías pasan de manos de padres a los hijos.
Son datos de la organización Empresa Familiar de Castilla y León, constituida en 1997 precisamente con el objetivo de luchar por la profesionalización de estas empresas, que son la base del empleo y el modelo productivo. Las empresas familiares, según datos recientes de la propia organización, generan el 17% del Producto Interior Bruto (PIB) de Castilla y León, y emplean al 10% de la población ocupada. «El sector agroalimentario es, junto con la construcción y los servicios, la base de las empresas familiares de la comunidad. Cada uno de estos sectores agrupa respectivamente a un 19% de las empresas. Sin embargo, la mayor parte de las sociedades de tipo familiar en la comunidad (casi un 23%) tienen como actividad el sector industrial. El comercio, por su parte, agrupa a algo más del 8%; seguido de la hostelería, con un 6%, el mismo porcentaje que la automoción», dice un informe.
En los buenos tiempos, Cantalapiedra llegó a contar con 10 empleados. «León se está muriendo porque todo se lo lleva Valladolid», comenta Manuel Cantalapiedra. En su caso lo ha notado porque la agencia de su padre era un termómetro de la vida social y económica de la ciudad. «y ves cómo van cambiando los sectores. Como creció la construcción y después bajó...». Manuel cree que con 68 años ha llegado el momento de la jubilación.
De las paredes, cuelgan los fiplomas y también los antiguos carteles de viajes. Y sobre el mostrador quedan antiguos modelos de facturas, revistas...
Lo que sigue intacta es la decoración. Cuando uno entra aún se puede imaginar lo que tuvo que ser aquella gestoría, agencia de viajes, inmobiliaria...