‘Fray Gerundio de Campazas’
La aparición de su libro más logrado, ‘Fray Gerundio de Campazas’ hizo poner el grito en el cielo a los propios superiores de la Compañía, que creyeron ver nada menos que el relanzamiento de la novela picaresca bajo el sacrílego protagonismo de unos clérigos ‘buscones’ que recorren la Tierra de Campos en busca de éxitos oratorios nada envidiables, de sermones bien pagados y de alegres comilonas. El agudo y fino talento del Padre Isla, alimentado por la socarronería asturiana y por la flema cazurra, puede muy bien reflejarse en la actitud que toma ante tantos acosos como sufre por parte de los estrictos administradores del Bien y del Mal —en una época cuajada de convencionalismos— a quienes dedica los versos de esta sugerente décima ‘isleña’:
A un mastín, por más que fino/ le ladran los gozquecillos/ y entre saltos y brinquillos/ le andan lamiendo el trasero/ y él, sin mostrarse severo/ y sin sentirse zaíno/ al ver aquel torbellino/ de perros que le rodea/ alza la pata, les mea/ y prosigue su camino/».
Doscientos años después de la muerte del Padre Isla, en la década de los ochenta del pasado siglo, sus últimos y únicos descendientes, los hermanos José Manuel y Mariano Toyos Isla, vinieron desde la Argentina para liquidar los bienes patrimoniales que la familia tenía en la localidad de Loroñe.
Fue una verdadera pena comprobar cómo los restos de la biblioteca, caían en manos de un anticuario de Villaviciosa, conocido por ‘el capador’, que por trescientas mil pesetas se hizo con unos 300 ejemplares de los siglos XVI, XVII y XVIII. Como siempre, las instituciones dejaron escapar la ocasión de hacerse con este precioso legado.