centenario
Las palabras de un sabio
Marceliano Miguélez es a sus cien años el veterinario más longevo de España, Un amante de su oficio y el cabeza de una familia numerosa que le adora y le cuida

Hace algo más de un siglo en San Juan de Torres nació Marceliano Miguélez, que a día de hoy, con sus espléndidos 100 años, es el veterinario más longevo de España. Sin embargo, papá Marceliano como cariñosamente le llaman sus hijos y sus nietos, bromea y asegura que le gustaría ser el veterinario más joven de nuestro país, «este título significa que ya soy muy mayor», esboza con una sonrisa.
Los recuerdos de su vida laboral y personal afloran cuando Marceliano Miguélez coge confianza. Con el pudor propio de la edad, el veterinario recuerda como conoció a la que fue su esposa. El autobús en los que ambos viajaban hacia León se estropeó y entablaron conversación y de ahí una vida juntos, «parece de película», comenta una de sus hijas, «es una historia preciosa». Aunque esta casualidad es posterior a que Miguélez acabara sus estudios de veterinaria en la escuela que antiguamente se ubicaba en el Parador de San Marcos. Marceliano Miguélez recuerda a sus profesores de Universidad, «Don Tomás de histología y Villareal era el de anatomía», comenta. No obstante, el futuro de este veterinario no siempre estuvo tan claro, como ahora lo cuenta. Miguélez era el pequeño de todos sus hermanos, y su padre le había reservado para que cuidara de las ovejas familiares. A los 20 años, este paramés de corazón se echo el mundo por montera y decidió estudiar el bachiller para más tarde poder acceder a los estudios superiores. Su padre se lo permitiría siempre y cuando fuera maestro. S in embargo, el amor por los animales, que Marceliano confiesa haber sentido toda la vida, le llevó a estudiar esta carrera para dedicarse a su verdadera vocación. Fue tras finalizar sus estudios cuando fortuitamente conoció al amor de su vida, que además se convertiría es su ayudante en el oficio. Marceliano recuerda que quería ir a ejercer a Ávila y cuando ya tenía plaza allí, su padre le suplicó que se quedará en la provincia para poder tenerlo cerca. Así fue como el veterinario llegó a Mansilla donde desde el año 1944 ha transcurrido toda su vida.
Primero a caballo, después en bicicleta, en moto y ya finalmente en coche, el veterinario recorría la comarca para atender a los animales, aunque confiesa que «en los comienzos eran pocos ejemplares y muchos ganaderos». La época de la matanza era la más dura y «si nevaba debía ir a ver a los cerdos andando, pero gracias a la ayuda de mi mujer que era quien preparaba las muestras para saber si los ‘gochos’ estaban enfermos el trabajo era una delicia». Sus hijas aseguran que Marceliano Miguelez es un apasionado de su profesión, incluso se negaba a jubilarse, hace ya 30 años, alegando que era cuando más sabía de animales.
Miguelez fue pionero en tratar enfermedades que se consideraban incurables en los animales, como el tétanos y confiesan que «logró salvar a siete ejemplares de esta enfermedad». Muy orgulloso de estas hazañas, Miguélez cuenta que en una ocasión extirpó un papiloma de dos kilogramos de peso de un buey.
Su consejo para los jóvenes es que se enamoren de la profesión. «Es una actividad que se práctica 24 horas al día, y aunque sacrificada, merece la pena».
Aficionado al Real Madrid, a los toros, a jugar su partida y a la pelota de frontón, este centenario confiesa que de lo que más orgulloso se siente en esta vida es de su familia. Comenta que duerme mucho y bien y que el secreto para llegar a los cien años reside en comer lo justo, hacer deporte y disfrutar del cariño de sus hijos, su mujer y sus nietos, que todavía «vienen a jugar a las cartas conmigo», asegura orgulloso.
Este es el secreto de este trabajador nato, enamorado de su profesión y de su familia, que sin duda le convierten en un gran hombre, un digno veterinario y una excelente persona, padre y abuelo.