la mirada local
León, pionero en enseñanza
tres de los más punteros libros de investigación surgidos al calor de esta institución abordaban el patrimonio, la lengua y la historia de león

Magdalena Corral, gerente de la Fundación Sierra-Pambley, muestra el Catálogo Monumental de León.
La capital leonesa no sólo acoge, en el edificio Pallarés, la exposición sobre la Residencia de Estudiantes, sino que a pocos metros de distancia, en la calle Dámaso Merino, pleno Barrio Romántico junto a la Catedral, la Fundación Sierra-Pambley ha montado una muestra en la que se recuerda el trascendental legado de Francisco Giner de los Ríos, el filósofo y pedagogo malagueño que fundara y dirigiera aquella revolucionaria Institución Libre de Enseñanza de la que la Junta para la Ampliación de Estudios y la Residencia de Estudiantes fueron hijas directas.
En Giner de los Ríos, un andaluz de fuego , el visitante tiene la ocasión de acercarse a la vida, formación y herencia de este ensayista de inmensa cultura humanística cuyo gran objetivo era el de crear «hombres íntegros, cultos y capaces», según la idea de que los cambios «los producen los hombres y las ideas, no las rebeliones ni las guerras». Pero, al mismo tiempo, se puede comprobar el pionero papel de lo leonés en aquellas nuevas entidades e iniciativas creadas para sacar a España del atraso por medio de la cultura, la investigación y la educación. León era de aquella un campo abierto, casi virgen, idóneo para el trabajo de campo, pues por su secular aislamiento conservaba elementos arcaizantes en cuanto a costumbres, derecho consuetudinario, historia y arqueología, peculiaridades lingüísticas... documentar y contextualizar ese patrimonio casi desconocido arrojaría luz sobre rincones del conocimiento —principalmente histórico e idiomático— desde hace tiempo en sombra para la ciencia española. Las comarcas leonesas eran consideradas el ‘arca de las esencias’ a principios de siglo: sus cuentos y romances populares procedían directamente de la épica medieval y del mundo prerromano, había valles en los que la lengua no había cambiado apenas desde los tiempos del viejo reino y legajos y restos astures y romanos dormían, tiempo ha, en los archivos catedralicios y bajo muchos estratos de tierra.
De esta manera, tres de las producciones más señeras de intelectuales vinculados a la institución, pioneras en sus respectivos ámbitos de estudio, se refieren a asuntos leoneses. Magdalena Corral, gerente de la Fundación Sierra-Pambley, desgrana sus títulos: El dialecto leonés , de Ramón Menéndez Pidal, el Catálogo Monumental de León , de Manuel Gómez-Moreno, ambos mostrados en esta exposición en sus primeras ediciones, y Una ciudad hispano-cristiana de hace un milenio , de Claudio Sánchez Albornoz, en edición no fechada e impresa en Buenos Aires.
Pionero fue también lo leonés en el ámbito de las pensiones, dentro de España, de la JAE, que concedió diez ayudas, pues la primera de ellas fue una subvención de 454 pesetas que recibió un licenciado en Filosofía y Letras, Agustín Blánquez Fraile, para estudiar el leonés en Alcañices, Sanabria y La Bañeza. «El aspirante —rezaba la Memoria— había hecho prácticas con el señor Menéndez Pidal. Consideró éste que debía limitar la comisión a las fronteras del leonés occidental y no extenderla a las fronteras del idioma gallego, como había solicitado, por no contar aún con preparación, dados los escasos pueblos fronterizos de que hay noticia». Una de las joyas, pequeña, pero joya, de aquella primera memoria de la JAE es el texto del documento que aquel pensionado presentó al término de su trabajo.