Diario de León
El edificio de la petrolera YPF en Buenos Aires.

El edificio de la petrolera YPF en Buenos Aires.

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felipe fernández de mata *
León

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El Gobierno argentino, que lleva muchos años intentando acceder al control de YPF, informó el día 16 que ha nacionalizado el 51% del capital, lo que supone arrebatar el control de la compañía a la española Repsol. Esta noticia, es un gravísimo ataque a la seguridad jurídica internacional, principio en el que se basan las inversiones de capital de las compañías en el extranjero.

Un poco de historia: Después de la Segunda Guerra Mundial, algunos países consideraron conveniente garantizar sus suministros de petróleo a través de la creación de compañías estatales con la misión de adquirir concesiones de exploración en países productores, y de esta forma ir formando un dominio minero productivo que les asegurara los suministros en caso de crisis. Así surgieron el ENI italiano, la brasileña Petrobras, la francesa Total, la belga Fina, y otras. En 1965 se crea la empresa española Hispanoil, con los objetivos de explorar y producir petróleo dentro y fuera de España. Se intentaba además conseguir yacimientos propios en países productores que aseguren el suministro al mercado español en tiempos de crisis.

Todas las compañías mencionadas tuvieron oportunidad de probar su eficacia con las crisis petroleras encadenadas de 1973 y 1979. Sin embargo, así como todas las empresas iban aumentando sus descubrimientos y por tanto su producción de hidrocarburos, la española Hispanoil no fue inicialmente tan afortunada. En 1981 se produce la fusión de todos los activos que tenía el Estado en el sector petróleo en el grupo INH, que en 1987 se convertiría en Repsol. A través de ese holding, el Estado intervenía en todas las fases de los hidrocarburos, desde la exploración y producción hasta la venta de los carburantes, pasando por el refino, el butano, la petroquímica, el almacenamiento, el transporte, etc. El Estado dedicaba ingentes sumas a las actividades de exploración y producción de hidrocarburos que llevaban a cabo dentro y fuera de España Hispanoil y su filial Eniepsa, y después Repsol, pero en aquellos años no hubo un gran descubrimiento que recompensara el esfuerzo económico y humano.

Y esto nos sitúa en los años 90, en los que Repsol es un gran grupo que produce crudo en muchos países, pero en cantidades no demasiado grandes, y ese gran descubrimiento «company maker», que se busca con ahínco, no se produce.

El Estado, cambia entonces de táctica. Se opta así por adquirir un gran yacimiento o los activos de producción de un país. En los noventa, se informa que Repsol podría acceder a la compañía YPF argentina, en unos momentos en los que el gobierno de Menem está privatizando sus participaciones en diversos sectores económicos. Repsol adquiere YPF por unos 15.000 millones de dólares.

La operación exigió de Repsol la venta de muchos activos y yacimientos en producción para disponer de la «caja» necesaria. De esta manera, Repsol se vio obligado a deshacerse de sus yacimientos (no muy grandes) en el Mar del Norte (sector británico), de los de Egipto (en el desierto Occidental y en el Golfo de Suez), de Indonesia (en Java, Sumatra...), es decir, la diversificación geográfica que tenía para una producción relativamente pequeña, se convierte en concentración, con escasa diversificación geográfica tras la compra de YPF.

El año 1999 es el punto de inflexión de Repsol y marca el inicio de su conversión en una «grande». Desde entonces, Repsol ha luchado con denuedo por incrementar su diversificación, y ha tenido resonantes éxitos internacionales en diversas zonas, como el Golfo de México, Brasil o la misma Argentina, consolidando su posición como una de las grandes compañías mundiales, fuerte, solvente y con excelente equipo profesional y dotada de la última tecnología.

¿Argentina ataca a una Vaca Muerta? Desde hace tiempo se viene manteniendo por el gobierno argentino que Repsol pretendía repatriar 1.000 millones de dólares del país para distribuirlos como dividendo entre sus accionistas, lo que sería inaceptable para Argentina, que reclamaba un incremento de las inversiones de Repsol y que se negó a autorizar la salida de beneficios de la petrolera española.

Por otro lado se cita el aumento del consumo energético argentino empujado por los altos índices de crecimiento económico de los últimos años. Sin embargo, este supuesto «desbalance hidrocarburifero», en terminología argentina, merecería un análisis separado ya que los desequilibrios se han producido muy recientemente y se deben a la fuerte dependencia del gas de importación, al crecimiento de la demanda y a que el gobierno argentino mantiene unos precios interiores bajos con subsidios. YPF además ha sido valorada por las autoridades argentinas como una excelente y moderna compañía, lo que explica menos la «estatización» aprobada, como ha puesto de relieve el día 17 el presidente de Repsol, señor Brufau.

Pero además detrás de la operación está uno de los mayores descubrimientos de hidrocarburos de los últimos años en el mundo: en noviembre del 2011 Repsol anunció que en la provincia de Neuquén había descubierto el yacimiento de Vaca Muerta, con gigantescas reservas, que precisará de colosales inversiones de desarrollo y que podría haber activado el apetito de las autoridades del país. El mercado interior argentino tiene al gas natural como primera fuente de consumo, que importa parcialmente de Bolivia y cuyo precio se mantiene bajo con subsidios.

En el fondo, la decisión argentina no parece haber calibrado la dimensión internacional de la medida. Mas bien parece ser un gesto hacia el interior, un asomarse al balcón de la nación para calmar las insatisfechas demandas de su pueblo. Argentina es una gran nación, pero sus legítimas aspiraciones de incorporarse al grupo de países importantes no acaban por cristalizar, de ahí la perenne insatisfacción.

Las consecuencias

Las consecuencias serán graves para Repsol y en menor medida para España. Repsol, que forma parte del selecto grupo de las mayores petroleras del mundo, pasaría a tener una producción relativamente baja en su división de «upstream», aunque sus sectores de refino y distribución de productos («downstream») continúen siendo importantes. Pero además está teniendo otro efecto negativo: Repsol puede ver descender su valor, su cotización en los mercados ante el golpe recibido, y ello lo puede hacer vulnerable a recibir una OPA sobre el resto de la compañía. Los potenciales compradores podrían intentar hacerse a un precio razonable con el control en un momento en el que el Estado ya no tiene la «acción de oro», o derecho de veto.

Sin duda, todos estos elementos han sido considerados para preparar la respuesta española, muy potente y que se está produciendo con gran rapidez. La respuesta de Repsol ha sido muy firme, como la de la comunidad internacional. La del gobierno está siendo prudente, escalonada.

Para Argentina la medida va a tener importantes consecuencias, como están haciendo notar con diligencia las autoridades españolas y europeas. Las importaciones españolas de biodiesel van a disminuir, las empresas españolas en el país se tentarán mucho la ropa ante lo que pueda suceder a Repsol, los apoyos políticos y económicos que negocia Argentina en los organismos internacionales, se verán sin duda interrumpidos o cortocircuitados, y todo ello terminará volviéndose contra el propio país, que carece de medios humanos, tecnológicos y económicos para llevar a cabo las inversiones necesarias que el sector precisa (razón ésta por la que privatizó YPF hace unos años).

El día 19 la Unión Europea acordó restringir las ventajas arancelarias a Argentina, el Presidente del Banco Mundial calificó de «error» la nacionalización y estas posiciones, que no son más que el principio, se integran en la respuesta de la gran mayoría de organismos e instituciones internacionales, que se están pronunciando en el mismo sentido.

Desde el punto de vista de la seguridad internacional, es inaceptable que un país (un partido político) privatice una gran compañía en 1999, y que trece años más tarde (el mismo partido político) pretenda nacionalizar lo privatizado. Se inicia ahora la negociación para hallar el justo precio de lo expropiado.

Argentina da un paso atrás bajo los focos de la comunidad internacional, que la lleva a Evita en 1948. Quizás es lo que su presidenta ha pretendido, y por eso hay que decir «No, señora Fernández, ni Argentina, aunque muchos lo crean, son 40 millones de Messi, ni España o Repsol juegan en segunda división».

* Felipe Fernández de Mata. Bañezano, trabajó muchos años en Repsol Exploración, donde fue Director Comercial.

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