una cuestión de autoridad
El presidente de la Junta de Andalucía —tuerto en un país de ciegos donde sólo él y el asturiano Javier Fernández gobiernan— aseguró que no es momento para congresos, ni ahora, ni tras las catalanas. Pero con las mismas, lanzó a los críticos el mensaje de que está dispuesto a dejarse querer.
«El antiguo chaconismo lleva liebre», resume otro secretario regional un poco en tierra de nadie. Su tesis es que el jefe de los socialistas andaluces prepara el terreno para otro. U otra. Pero ni siquiera quienes respaldaron con intensidad la candidatura de la política catalana a la secretaría general dan ahora por bueno que desée seguir adelante. «Sigue creyendo que hay que elaborar otro proyecto, pero tiene dudas de que sea ella quien deba liderarlo», apunta uno de sus antiguos apoyos.
Tampoco, a priori, todos los que en su día estuvieron en las filas de la exministra querrían algo tan drástico como un congreso para nombrar una nueva ejecutiva. «Me preocupa que hay una falta absoluta de pulso y es eso lo que hay que resolver, pero no es momento de meternos en líos internos porque haremos el caldo gordo al PP», alega el líder de una de las federaciones más numerosas del PSOE.
En Ferraz se indignan porque, pese al ruido y las críticas, es difícil entender contra qué o quién deben combatir. «No hay ni idea ni proyecto ni líder alternativo, que sepamos». En estas condiciones, dan la batalla día a día.