CANTO RODADO
La ventana
El gobierno entona el mantra: «la huelga no es la solución», mientras gente anónima da soluciones a la emergencia y lucha en busca del sol
Balcones y ventanas aún exhiben en León el orgullo patrio que desata la Roja cada equis tiempo, incluso mientras la prima de riesgo se desboca azuzada por la avaricia y la gente es lanzada a la calle para cumplir la ley hipotecaria, que, por esas paradojas que la democracia tolera sin sonrojar a sus celosos guardianes, tiene más valor que el derecho fundamental a la vivenda reconocido en la Constitución. Y ésto, magnífico rector de la ULE, sí es un escándalo.
Claro que la Roja, siempre que gane, es un consuelo y el fútbol, dicen, un catalizador perfecto del malestar social. Por eso me ha llamado más la atención la pancarta colgada de la ventana en Armunia. «¡Basta ya de sinwertgüenzas!», grita la sábana en rojo, el color de la revolución, y negro, la asuencia de luz, la oscuridad que atraviesa este mes de noviembre y no sólo porque los días se sacrifican para que la noche crezca camino del solsticio de invierno.
Imagino que detrás de esa ventana vive una familia con niños y/o niñas en edad escolar. También me da por pensar que es una casa habitada por gente a la que esta crisis no le ha arrebatado algo tan importante como la conciencia. Y quiero creer que en ese hogar el miedo no tiene sitio.
Vuelva usted...
Es posible que, por uno de esos despistes que una tiene algunos lunes, llame a la puerta del Tribunal Constitucional para preguntar por el derecho fundamental a la vivienda. No me contestarían al estilo que acuñó Mariano José de Larra, allá por el siglo XIX. El vuelva usted mañana está obsoleto por completo. En el TC responderán, sin lugar a dudas: Vuelva usted dentro de siete años. Por lo menos.
Pero no bastan siete años para la extrema derecha que anida cómodamente en el PP. En ésto hay que darle la razón a Óscar López. Hay diputados como José Eugenio Azpiroz que, diga lo que diga el Tribunal Constitucional (más vale tarde que nunca) se empecinan en restar legitimidad al fallo constitucional que avala los matrimonios entre personas del mismo sexo.
Al siglo XIX
Quizá me equivoque de puerta y me den con ella en las narices porque es una de esas casas en las que se canta en actitud meditativa el mantra del Gobierno en vísperas del 14-N. Dice Rajoy que las huelgas no sirven para nada. Será que no ha estudiado Historia. No sabe el presidente del Gobierno que la jornada de 48 horas, allá por el siglo XIX, se consiguió a base de luchas y huelgas. Ni tampoco que muchos trabajadores y trabajadoras han muerto por reivindicar los derechos que ahora nos arrebatan con total impunidad.
No, la huelga no es una solución. No se moleste en repetirlo, vicepresidenta. Es un derecho. Las soluciones las tienen que poner ustedes, escuchando a la gente, respetando la Constitución con la que tanto se les llena la boca.
En rebeldía
Las soluciones, hasta ahora, las pone la ciudadanía, esa mayoría silenciosa que sale cada mañana en busca del sol en medio de la espesa niebla. Seres anónimos que tiran de las oenegés y de centros como el Hogar del Transeúnte y Comedor Social San Genadio de Ponferrada, cuya labor reconoce el VII Premio al Desarrollo Social y los Valores Humanos del Diario entregado el jueves.
Es la gente que practica el raro verbo ahuciar: esperanzar o dar confianza. La gente que se asoma a la ventana para colgar una pancarta. Los policías que acaban de declararse en rebeledía ante los desahucios. « Está claro: los molinos son gigantes, los gigantes son poderosos, su ejercicio es la maldad, y el Caballero de la Eterna Juventud, el abatido, debe comprender y comprende, que su infortunada verdad sigue consistiendo en la causa necesaria de luchar contra esa maldad» . (Antonio Gamoneda).