más allá del estado observador
En lo concreto, noticioso y políticamente relevante, la conversión de Palestina en un Estado miembro de la ONU (aunque con un estatus de observador) ha provocado al menos dos noticias de gran interés: a) la decisión de último minuto de Alemania de pasar de un seguro ‘no’ a la abstención; b) el apoyo de Hamas, también obra milagrosa de la penúltima hora a la decisión de Mahmud Abbas.
La gran significación de las dos es de naturaleza política y remite, como casi siempre en estos trances, a cuestiones de principios o a consideraciones prácticas (o a ambas cosas a la vez). Berlín ejecuta bajo todos los Gobiernos una política de estricto alineamiento con Israel, su seguridad y sus necesidades estratégicas y lo hace, aunque no se mencione nunca oficialmente, porque, como país que, bajo el III Reich, organizó el Holocausto lo cree su deber. Esto ha sido siempre entendido, y honra al país, pero es un criterio en vías de lenta reconsideración oficial y rápida reconsideración popular.
Lo de Hamas es aún más sorprendente y se produjo en un ambiente que mezclaba el fervor nacional, las consideraciones políticas y las necesidades tácticas, todo en las horas que precedieron al viaje de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina y líder de las facciones moderadas y dialogantes y todavía humeando las armas utilizadas hace dos semanas en Gaza.
La posición oficial del Hamas era hostil a la gestión en la ONU porque indirectamente reconoce a Israel en las fronteras del 48 (tras la partición del 47) y así lo recordó el número dos del movimiento, Musa Abu Marzuk. pero el líder, Jalid Meshal, que dice no aspirar a seguir en el puesto pero ahí está, lo cambió: envió un telegrama a Abbas de clara simpatía, apoyo y comprensión de la iniciativa. Milagros del escenario y, bajo una mirada constructiva, dos buenas reubicaciones de dos actores en el escenario: Alemania se emancipa un poco del pasado y el público no se lo reprochará a la canciller. Y Meshal se acerca al pactista, blando, irrelevante, vasallo y no sé cuantos insultos más que el radicalismo militante ha lanzado al viejo Abbas.=