Risto Mejide
«Soy un romántico muy a mi pesar»
Estrenando libro, titulado ‘#Annoyomics. El arte de molestar para ganar dinero’, este publicista, que se ha hecho famoso como El ‘tipo duro’ de la televisión, reconoce que «lo único que va a permanecer en mi vida es la escritura, Necesito escribir»

El publicista explica que a su hijo le daría el consejo que le parece más sensato: que haga lo que haga sea el único .
Sometido al interrogatorio de Luján Argüelles en el programa de EFERadio La hora de Luján , Risto Mejide, barcelonés casado con la periodista Ruth Jiménez y padre de un niño, llamado Julio, descubre abiertamente ser un tipo «muy tímido», que le gusta «tener buena apariencia» que confiesa: «No me gusta ser romántico, pero no lo puedo evitar».
Profesor en la Escuela Superior de Diseño en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, además de dirigir la productora Aftershave.tv, Ricardo Mejide, más conocido como Risto —su nombre en finlandés—, no rehuye su imagen de duro aunque si asoma su lado modesto: «quizás sea el publicista más conocido de España, pero ni de lejos el mejor».
—Llamarse Risto no tiene nada que ver con Ricardo…
—Mi padre se llama Ricardo, médico en Barcelona, una persona muy conocida por su mal humor. Lo primero que hice cuando cumplí 18 fue cambiarme el nombre en el Registro Civil, en vez de Ricardo me puse Risto, que es como todo el mundo me conocía.
—¿También para evitar la mala fama de tu padre?
—No, que va, al revés, me siento muy orgulloso de esa fama… De esos polvos vienen estos lodos, dicen.
—¿Por qué siempre con las gafas, es una manera de esconderse?
—Sí, es lo que tenemos los feos, cuanto más nos tapamos más guapos estamos. Hay varias razones, la primera es que soy muy tímido, y aunque no lo parezca, los tímidos necesitamos ponernos protección. Y la segunda, y fundamental, es que soy miope, y necesito llevar gafas. Antes de salir en televisión llevaba gafas de sol porque me gustan más, es como el tipo que se pone pajaritas, que tiene que estar dando explicaciones. A mí me pasa con las gafas.
—Estrenas un nuevo libro, ‘#Annoyomics. El arte de molestar para ganar dinero’...
—Creo que es un libro de autoayuda para conseguir tus objetivos, con la idea de molestar a quien no te gusta. Quizás sea el libro más honesto que podía escribir… en el que confluye mi faceta de publicista y de personaje público. Explico porque hago lo que hago, porque he hecho lo que he hecho en televisión, pero también se explican cientos de marcas y personajes públicos que han hecho lo mismo y han triunfado. Transmitir eso es importante, decirle a la gente que no pasa nada por tener enemigos, es bueno tenerlos. La diferencia está entre los que eligen sus enemigos y los que no.
—¿Estás harto de explicar como tratas a los concursantes?
—Mi popularidad viene por ese tipo de programa y no reniego de ello. Siempre contesto lo mismo, si no hubiera sido de esa manera con ellos seguramente no hubiera habido tanta gente que los miraba en este momento. Lo hacia conscientemente de que eso elevaba el ‘share’. Creo que es un valor para ellos que la gente les conozca, aunque sea con un apodo que yo les haya puesto.
—¿Alguno de esos concursantes te ha agradecido después el palo que le diste?
—Sí, y han sido los que tenían más luces, que se han dado cuenta de que eso les beneficiaba. A mí, me han venido padres de ‘triunfitos’ a decirme que he sido blando con sus hijos… .
—¿Te gusta que te miren por la calle?
—No, nada. A mi me gusta escribir, creo que lo único que va a permanecer en mi vida es la escritura. Necesito escribir. Todo lo que he hecho hasta ahora ha sido para poder escribir. Me hice redactor publicitario para poder redactar, he salido en televisión y he redactado todo lo que he dicho, y publico libros para que la gente los lea. Para llegar a ser escritor algún día tienes que ser observador y no ser observado. Y cuando eres famoso pasas de observador a ser observado. Me molesta mucho la fama en un sentido: cuando llegas a un sitio y la gente te reconoce, ese lugar cambia automáticamente. Deseo que eso deje de pasarme, entonces volveré a ser observador… .
—¿Eres romántico?
—Sí, soy muy romántico y muy a mi pesar, porque no sabes lo que me «jode». No me gusta ser romántico pero no lo puedo evitar. Me parece muy cursi cuando me pongo romántico. El romanticismo es llevarte la contraria a alguno de tus principios. Es decir nunca harás ésto y lo haces, eso es romanticismo, o jamás tendré hijos… .
—¿Tú eras de los que jamás iban a tenerlos?
—Jamás, y a ella (su esposa Ruth Jiménez) tampoco se le pasaba por la cabeza. Sin embargo, estamos encantados de estar con Julio, tener un hijo. Eso es el romanticismo, el ‘link’ entre tus principios y lo que realmente haces.
—¿Eres llorón?
—No, la última vez que lloré fue en 1974, el 29 de noviembre (su fecha de nacimiento).
—¿Cómo te relajas?, porque al final del día acabarás reventado.
—Hay dos vías de escape: la primera es mi hijo, porque ya tiene edad para pedirme que deje el móvil. El primer día que me lo dijo me fascinó: ‘deja el móvil papá’, me dijo, y me puse a jugar con él. Y la segunda es leer, soy un lector convulsivo, me encanta, disfruto muchísimo.
—¿Qué le pides a la vida?
—Ser el dueño de mis propias expectativas, y eso es muy difícil.
—¿Risto papá ha cambiado mucho al anterior?
—No, el ser padre no te hace diferente, sólo te descubre cosas que no sabías que estaban.
—¿Qué quieres que sea tu hijo de mayor?
—Diría feliz, pero prefiero decir alegre.
—¿Y de profesión?
—Le daré el consejo que me parece más sensato: que haga lo que haga, sea el único.
—¿Cómo te declaraste a Ruth?
—La primera vez la ví por la tele, entonces yo no era famoso. Honestamente, y se lo he dicho a ella, sólo quería sexo con ella. Hice algo que jamás había hecho, llamar a un colega que trabajaba en su cadena y pedirle el teléfono. Conseguí el teléfono y empecé a mensajearme con ella. Pasamos tres años sólo con mensajes...