Diario de León

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Ciudadanos de un país desconocido

Los refugiados palestinos piden que su Estado aparezca en los diversos registros, ahora que ha sido reconocido en la ONU

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mercedes gallego
León

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Qué se siente cuando alguien te dice que tu país no existe? Muzna Shibabi lleva años intentando demostrar la existencia del suyo en lugares tan comunes como una comisaría de Londres o una entidad bancaria de París, pero Palestina no está en los ordenadores.

Esos Gobiernos no forman parte de los 132 que han reconocido el Estado palestino mediante acuerdos bilaterales, así que cuando la flecha se despliega en la pantalla, Palestina no aparece.

«Busque por Gaza, tal vez Cisjordania», insistía ella. «A veces aparece como ‘Territorio Ocupado’», decía cuando le tocaba abrir una cuenta o registrar su estancia en otro país. Nada. Los ordenadores no entienden de patrias perdidas. Al final, la única selección informática que permitía seguir adelante con el proceso era la de ‘Desconocido’. Toda una humillación que se lleva clavada en el corazón. Es triste ser refugiado en tierras lejanas, pero cuando ni siquiera se puede demostrar que un día se tuvo país, solo queda combatir la injusticia para defender la identidad propia. Haifa, la tierra de sus abuelos, es ahora parte de Israel.

En Londres, donde estudió esta joven de Ramala, su perplejidad era aún mayor. Palestina fue formalmente un protectorado británico entre 1922 y 1947, cuando tras el holocausto Naciones Unidas lo dividió en dos Estados, uno judío llamado Israel, que cada día ocupa más territorio ajeno, y otro árabe, apenas reconocido el jueves pasado como Estado no miembro de la ONU. Francia le dio su voto, y con ello su reconocimiento.

Al día siguiente Muzna, que ahora vive en París, volvió a la sucursal bancaria a exigir que cambiaran su país ‘Desconocido’ por el de Palestina. «Estábamos hablando de ti», le dijeron los empleados cuando la vieron entrar. Todos recordaban su engorroso caso y, como ella, deseaban corregir el entuerto, pero costará tiempo y mucha burocracia hasta cambiar los ordenadores. Para qué hablar de definir las fronteras y la capital de un Estado que mengua cada día con la construcción de nuevos asentamientos judíos.

Algunos no quieren esperar a que las negociaciones imposibles le devuelvan la dignidad a su pasaporte. Por eso el artista palestino Jaled Jarrar se ha inventado un sello del Estado palestino para imprimirlo en aquellos cuyos dueños lo llevan tatuado en el corazón.

Muzna, que trabaja de asesora de comunicación en un ‘think tank’ sobre democracia en el mundo árabe, y fue asesora del negociador jefe palestino Saeb Erekat en las conversaciones de Annapolis, escuchó el jueves al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, decir por televisión que «nada va a cambiar» sobre el terreno, y le creyó. «He vivido en Ramala hasta hace un año. No podemos coger un avión en el aeropuerto más cercano solo porque somos palestinos, así que tenemos que ir hasta Jordania, a través de muchos controles de seguridad. Cada vez que tenía que cruzar uno con mis hijos me lo pensaba mucho, porque sabía que podía estar allí todo el día con dos bebés, pasando humillaciones».

«Victoria simbólica»

No hay duda de que esos agravios seguirán ocurriendo, pero en París la «simbólica victoria» de ser reconocidos ante la ONU bien valió la guerra. «Para mí fue como si el mundo votase en referéndum y le dijese a Israel ‘ya basta de ocupación’».

Esa noche, después de acostar a sus hijos de uno y tres años, encendió su iPad para ver en versión original el discurso de Abás ante la Asamblea General de la ONU, mientras su marido lo seguía en francés por televisión a través de Al-Jazeera. «Personalmente me decepcionó un poco, el que dio el año pasado me pareció mejor, pero también sé que está harto y cansado de la hipocresía del mundo, que permite los abusos de Israel con la excusa de unas negociaciones en las que él lleva ya 20 años».

Por el momento Abás no piensa utilizar el nuevo estatus de su país para llevar a Israel ante el Tribunal Penal Internacional, aunque le gustaría a Muzna y a muchos otros palestinos. «Sería la única manera de que cambiaran las cosas sobre el terreno», anhela.

Mientras para Abás la reconciliación con Hamás sea la prioridad, Muzna, Jaled y otros activistas fomentarán el boicot a Israel con la esperanza, tan remota como la paz, de que eso quiebre el pulso del Gobierno hebreo, como ocurrió con el ‘apartheid’ de Sudáfrica.

Miles de cartas de protesta lograron que Stevie Wonder cancelase el concierto de recaudación de fondos a favor de las familias militares israelíes que tenía previsto en Los Ángeles. La que más ha pesado para el artista es la que le escribió la ONU, recordándole su papel de Mensajero de la Paz de esta organización.

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