Diario de León
Publicado por
enrique vázquez
León

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El público terminará de aprobar la nueva Constitución en Egipto y el lento, complejo y sinuoso proceso hacia la normalidad dará un gran paso, con dos matices: a) solo la elección legislativa prevista para dentro de dos meses permitirá saber si la oleada islamista se mantiene; b) la oposición laica, agrupada por fin en el Frente de Salvación Nacional, continuará su combate contra tal Constitución pidiendo su reforma a fondo.

Este par de objeciones tendrán el valor de sendos termómetros, pero no podrán objetar a fondo en el corto plazo el hecho central de que el islamismo, a través del brazo electoral de los Hermanos Musulmanes, Partido de la Justicia y el Desarrollo, ha prevalecido hasta ahora. Ganó las legislativas y la presidencial y salvo gran sorpresa, también el referéndum que ha concluido con la segunda fase. El porcentaje de su victoria será, sin embargo, crucial para orientar el seguro debate con una oposición que argumenta con el razonable argumento de que una Constitución debe recibir un apoyo mucho mayor y no ser, como es la presente, divisiva y polémica.

Algunos observadores benévolos recordaron al principio del proceso constituyente la conveniencia de que el mismo texto incluyera un artículo que fijara un mínimo de aceptación, por ejemplo en torno a dos tercios de los votos, para ser considerada válido. Un 60% de aprobación final, que se da por probable, es claramente bajo y Morsi se honraría mostrando su sincera disposición para negociar mejoras con la oposición. El Frente de Salvación Nacional rehusó hablar con los constituyentes hace unos días porque hoy sería inútil en términos prácticos. Acertó en eso y en general el trío Baradei-Mussa-Sabbahi forma un equipo representativo y tenaz aunque no siempre bien escoltado por opiniones de gentes de su campo que tampoco ayudan a Morsi a mostrarse constructivo. Por ejemplo, el influyente periodista Hani Shukrallah, editor de ‘Al Ahram’, escribía hace unos días que los Hermanos se han transformado en su más odiosa caricatura: un ‘gang’ de matones fascistas (…). Los Hermanos, por lo demás, esperan un retroceso en la legislativa y, paradójicamente, pagan por su éxito al institucionalizar la revolución y trasladarla desde la plaza de Tahrir al palacio presidencial.

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