tradición e historia en Sierra Pambley
Asignatura: Jugar
La Fundación alberga una pequeña colección de juguetes llegados de Francia e Inglaterra a la casa de Hospital de Órbigo. Piezas únicas que reflejaban los gustos y modas de la élite del XIX

Escuela Sierra Pambley en Villablino. Los niños, separados de las niñas y vestidos con unas batas, juegan al castillo.
Fotografías, archivos y juguetes que recoge la Fundación Sierra Pambley de León reflejan retazos de la vida cotidiana de la sociedad de fi nales del siglo XIX. Jugar, entonces, era una asignatura como otra cualquiera en el horario escolar, una parte más del plan de estudios. La tradición popular que estaba presente en los juegos de los niños en las escuelas que la familia Sierra Pambley fundó en la provincia contrasta con el elitismo de los juguetes que la misma guardaba en su casa de Hospital de Órbigo traídos, supuestamente, de sus viajes a países extranjeros.
A colación de la muestra de la Pieza del Mes, con la que el Archivo y el Museo Sierra Pambley de León ha dado a conocer en diciembre varios de sus juguetes históricos expuestos en El cuarto de los niños del Museo, es hora de hacer un recorrido por la sociedad burguesa del XIX a través de su forma de entretenerse.
De gusto burgués
Una vitrina en el museo de la Fundación en León guarda 13 juegos del siglo XIX que aún hoy, cuando se observan, resultan de lo más familiar. Y es que todos tienen su símil moderno. «La mayoría de las piezas tienen su origen en Oriente y se adaptaron al mercado francés o inglés, donde se popularizaron más tarde, en los siglos XVIII y XIX», explica Patricia Centeno del Canto, responsable del museo. «A España —añade— no llegaron hasta el XX y estaban enfocados a clases sociales altas, a las élites». De esta forma, la casa burguesa de Hospital de Órbigo albergaba entre sus paredes lo último en juguetes en Europa.
Pero, ¿cómo llegaron el bádminton, los bolos o el juego de la oca a la casa de Hospital de Órbigo? Esta vivienda, creada en 1890 y en la que vivió Pedro Fernández- Blanco —rama paterna de los Sierra Pambley—, albergó la colección que hoy se expone en León. «Se cree que fueron adquiridos por la familia en sus viajes por Europa. Así, las piezas, hoy de museo, refl ejan ese gusto burgués por los juegos que se estaban poniendo de moda en Francia e Inglaterra», comenta Centeno.
De hoy, de siempre
Trece son en total las piezas históricas que guarda hoy el museo de Sierra Pambley en León. «Ahora han evolucionado, pero todos habremos jugado alguna vez o reconoceríamos estos juguetes», afi rma su responsable, Patricia Centeno.
Tres juegos de mesa (el Steeple-Chase, el juego del Asedio o Asalto y el Juego de la Oca), refl ejan la sociedad burguesa del momento. «Están hechos en Francia — en los mismos tableros viene indicada su procedencia— y sus ilustraciones muestran los diferentes estamentos sociales de la época», expone Centeno. El Steeple-Chase (o también conocido como Carrera de Campanarios) se relacionaba con la hípica y las cacerías, «algo que estaba muy de moda en el siglo XIX». Su forma es como la de un hipódromo, con estampaciones que muestran los obstáculos que las fichas, hechas de plomo y con forma de jinetes, deben saltar.
El Juego de la Oca representa a lo largo de sus casillas la sociedad burguesa del momento: escenas de militares que se preparan para la guerra, imágenes cotidianas como un hombre pescando o unas niñas saltando a la comba. «Era un juego para las élites sociales, aunque hoy ese ha popularizado. El de la época es una representación del reinado de Napoleón III y tiene muchas connotaciones simbólicas», afirma Centeno. Como la oca de la casilla fi nal, a la que se corona bajo palio, igual que a la figura del emperador.
El tercer juego de mesa que Sierra Pambley protege del paso del tiempo es el Asedio (o Asalto). Un reflejo de los gustos de finales del XIX por los temas bélicos y de estrategia. «El juego, para dos y con forma de cruz latina, —comenta la responsable— consiste en defender la zona fortifi cada. Los personajes ilustrados en el tablero son figuras del ejército napoleónico».
Otro grupo de piezas clásicas expuesto en el museo está hecho de madera de Boj, según Centeno, «una madera muy resistente, pues estos juguetes se tiraban por el suelo o tenían muchas papeletas de acabar así». Uno de ellos es el Lanzamiento de Pelota, en el que cada jugador coge uno de los palos para atrapar la bola y el cual «mejoraba la psicomotricidad de los niños». Otros son el Trompo, que simula la peonza actual; el YoYo; los Bolos, que constaban sólo de ocho piezas; y el Balero, un juego malabar que consiste en sujetar la bola atada con una cuerda a un asa de madera. Uno de los objetos más singulares son las raquetas de Bádminton, también en madera, con bolas hechas de plumas y terciopelo. «La presencia de este juego en la casa de Hospital de Órbigo atestigua cómo la familia burguesa trajo modas inglesas a la provincia. En Inglaterra se popularizó en el siglo XIX y era distinción de las élites sociales», explica la responsable del museo Sierra Pambley de León.
Golpearse para quitar el frío
Sin embargo, mientras las paredes de la casa escondían estas reliquias burguesas, los niños que asistían a la escuela de Hospital de Órbigo, fundada en 1890 también por la rama paterna de la familia Sierra Pambley, disfrutaban de juegos más baratos, sencillos y de tradición popular.
Javier González Cachafeiro, responsable del archivo de la Fundación en León, explica cómo, «infl uenciados por la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos y su plan pedagógico, se da por primera vez mucha importancia a los juegos». Un documento original de la época muestra el horario escolar de la escuela en el que, a diario, los profesores dejaban dos descansos de media hora, se cree, para jugar. «Los juegos de los niños —separados de las niñas— eran más violentos, sobre todo para combatir de la mejor manera posible el frío», comenta curioso González Cachafeiro.
La importancia del juego en el alumno, explica, era mucho mayor que ahora. «Los profesores, a la hora de hacer las valoraciones, se fi jaban en la forma de jugar de los niños y su relación con los demás. Valoraban, por ejemplo, así: ‘inteligente, despreocupado, no jugaba...’; ‘comprensión rápida, muy jugador...’.», comenta Javier sobre los archivos. Una asignatura más, seguro, la favorita de todos los pequeños.