Diario de León

siwa

del pasado al contrabando

Este oasis egipcio mantiene su sabor histórico y la virginidad de su naturaleza. Pero la primavera árabe, lo ha convertido en un paraíso para el contrabando

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Publicado por
Mohamed Siali
León

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El oasis de Siwa es el enclave bereber más oriental de África, ubicado cerca de la frontera con Libia. Cuando Egipto abrió la carretera entre Marsa Matruh y Siwa, en 1985, el oasis se convirtió en un destino favorito para los turistas que quieren ser testigos de un estilo de vida anclado en el pasado.

Desde entonces, los 30.000 habitantes que forman la población de esa zona han mantenido sus costumbres, aunque también han tenido que adaptarse a los aires de modernidad. Sus vecinos han vivido tradicionalmente de la agricultura, el turismo, y la artesanía. Pero a estos recursos se les ha añadido últimamente otro: el contrabando.

La caída del régimen del libio Muamar Gadafi y la inestabilidad en Egipto tras la revolución que acabó con Hosni Mubarak han traído el revuelo necesario para que los estraperlistas campen a sus anchas.

Y es que Siwa no es un lugar como otro cualquiera. En sus arenas se han escrito algunas de las páginas más hermosas e inquietantes de la Historia. Alejandro Magno, en el año 331 a.C., acudió a los sacerdotes del templo del Oráculo de Amón, ubicado en Siwa, para que estos lo reconociesen como hijo de Zeus. Así, una vez deificado, el gran conquistador tendría los augurios a favor para convertirse en señor de un gran imperio.

Los restos de la población antigua reciben el nombre de shali , un grupo de casas de apariencia casi fantasmagórica construidas con barro y sal y cuyos pilares son troncos de palmeras.

Una de los relatos más estremecedores que rodean a Siwa es el que hizo el gran historiador griego Heródoto, considerado por muchos como el primer periodista de la historia. En sus crónicas, Heródoto recoge cómo el rey Cambises II de Persia (524 a. C.) mandó un ejército formado por 50.000 hombres para tomar el oasis y someter al Oráculo de Amón. Los soldados nunca llegaron a su destino. Una tormenta de arena sepultó para siempre al poderoso ejército persa de Cambises, y frustró sus anhelos de expandir su imperio.

Pero el oasis deja rastros todavía más antiguos en la Historia. Hace solo cinco años, una misión arqueológica descubrió las huellas de un hombre prehistórico con dos millones de años de antigüedad.

El oasis se considera como la entrada oriental a tamazga (la tierra de los bereberes). La gran mayoría de su población mantiene aún las tradiciones de este pueblo desde hace casi tres mil años.

La población está formada por doce tribus, diez de las cuales son de etnia bereber, que se comunican con un idioma propio. También hunden sus raíces en el pasado más remoto las fuentes termales que esconden sus palmerales, como el llamado «baño de Cleopatra», tan antiguas que hasta algunas de las cuales fueron mencionadas por el cronista Herodoto, cinco siglos antes del nacimiento de Jesucristo.

Una de las tradiciones más particulares y controvertidas de Siwa es el matrimonio entre hombres, recogido por cronistas como el oficial británico Claude Scudamore Jarvisen en su libro Desierto y Delta .

Los agricultores, llamados zagala en el dialecto local, contraían matrimonio con sus empleadores para que estos les protegieran de los ataques de beduinos, y solo recuperaban su libertad para casarse con las mujeres cuando alcanzaban los cuarenta años.

Hasta la mitad del siglo XX, esa práctica fue común entre los vecinos del oasis, pero las autoridades de El Cairo intervinieron para prohibirla.

PARAÍSO CONTRABANDISTA

Siwa ha cambiado mucho en los últimos tiempos. De paradisíaco oasis que atraía a los escasos turistas que afrontaban las doce horas de carretera desde El Cairo, ha pasado a ser un paraíso para contrabandistas.

Según explica un investigador militar argelino, que pidió el anonimato, el lugar se convirtió en una zona segura para los contrabandistas que traen armas, vehículos robados y hachís marroquí desde Libia, y que sacan a ese país alcohol y estupefacientes.

Los beneficios del contrabando han repercutido visiblemente sobre la vida cotidiana de la localidad. Muchos campesinos están ampliando sus casas o construyen nuevos hogares, y los agricultores han cambiado los burros, su medio de transporte habitual, por motos. Hasta los menores de edad pueden gozar ahora del lujo de tener un moto, algo que no se ve con tanta frecuencia en otros pueblos del Egipto rural.

Mientras, coches sin matricular o registrados en Libia circulan por las calles de la población con toda libertad. «Es el dinero fácil del contrabando», sentencia Ali Ruhaim, recepcionista en un hotel del oasis.

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