CANTO RODADO
40 palabras
el bibliobús lleva la ficción a los pueblos y distrae a la gente de una realidad insufrible, ahora que los filandones ya no se tejen junto al fuego
Con dos palabras, Belisa Crepusculario logró cambiar el destino de un hombre y el suyo propio. En los Cuentos de Eva Luna de Isabel Allende. ¿Fueron te amo? En la España de cuento, de infantas, reinas y princesas, incluso las ministras, no se enteran de lo que hace su marido o incurren en presuntos delitos por amor.
Teníamos poco con el tutelaje del ministro Gallardón sobre el cuerpo de las mujeres y viene la infanta a dar lecciones de amor ciego para zafarse de la justicia. Barato folletín para el 2014. Hay que cambiar la gala Inocente, Inocente por Indecente, Indecente . A ver, si no, qué hacemos con la ristra de chorizos y chorizas que gobiernan y reinan a sus anchas.
Otra opción es participar en el concurso del 40 aniversario del Bibliobús: 40 palabras: «Érase una vez una reina que todas las mañanas preguntaba: Espejito, espejito: ¿Quién osa criticarme hoy? El azogue mostraba el rostro del enemigo. La reina rompía el espejo y, zas, desaparecía. Un día se vio a sí misma. ¡Zas! Desapareció. El espejo, claro». Me he pasado tres palabras. No vale. Enhorabuena a los bibliobuseros y a las bibliobuseras de León que disfrutan de las bibliotecas volantes, ínfimo rescoldo de las misiones pedagógicas. Tejan sus 40 palabras.
Libros sobre ruedas
El bibliobús es un servicio a caballo entre la cultura y lo social. Lo de social lo digo con la boca pequeña, no vaya a ser que alguien se declare incompetente en la materia y ¡zas! desaparezca. El autobús cargado de libros es uno de los pocos visitantes, junto con los vendedores ambulantes y las auxiliares de ayuda a domicilio, cada vez menos, de muchos pueblos leoneses durante el largo invierno. Proporciona lecturas y compañía efímera, pero puntual y constante. Dicharachera y fiel. Casi amorosa y muy agradecida.
Los libros sobre ruedas traen noticias de más allá de la realidad insufrible y amordazada. Lleva la ficción a los pueblos ahora que los filandones ya no setejen junto al fuego ni al calorcito de la cocina económica; ahora que los hilorios y seranos se refríen en escenarios urbanos.
El bibliobús lleva volúmenes que devorar sobre la mesa camilla, al pie de la acequia mientras se reparte el agua allí donde no han llegado los regadíos modernos por ordenador e incluso en la cuadra, mientras la ordeñadora mete un ruido infernal para exprimir las ubres de las pocas vacas lecheras de la cabaña provincial que asistirán, en el 2015, a la liberalización del mercado de la leche. Los ganaderos dirán adiós a las cuotas lácteas y los bancos les reclamarán los plazos pendientes de los créditos con los que pagaron los derechos lecheros. Cual cornudos y apaleados.
Espectros
El bibliobús es un espejismo de la era Gutemberg en la era digital. Ruedan solitarios por las carreteras provinciales donde los coches de línea son espectros, como los trenes en Villavante o en Brañuelas. ¡Quién lo iba a decir! Pasan de largo los trenes, cuando pasan, en la estación donde se cargó tanto carbón. El tren acabó con la arriería. La vida es cambio.
Gente corriente
La realidad supera a la ficción. Ni reinas ni cenicientas. Pinta Máster Chef como modelo de éxito. La cocina sucede al plató de Operación Triunfo. La tele y las redes sociales multiplican su impacto. Pero no hay nada comparable al efecto de palabras de bien: «Me satisface poder comunicarles que hemos recibido noticias de los centros donde se ha llevado a cabo la implantación de los órganos extraídos a Diego. Que no se han detectado problemas en los receptores y los órganos están funcionando correctamente».
40 palabras. El último párrafo de la carta de agradecimiento que recibió la familia de Diego Pérez, el joven concejal socialista de Valverde que falleció en vísperas de Navidad. La firma Ana María Domínguez Berrot, coordinadora de trasplantes del Hospital de León. Como digo, gente corriente. Gente decente.