divas
Kardashian y sus caprichos
Ser el centro de atención, sea como sea. Este parece ser el ‘leit motiv’ de la estadounidense

Nada menos que 250.000 euros (181.000 dólares), coches de lujo, dos cunas para su hija en la suite de hotel que ocupaba, así como una marca de agua concreta para beber durante su estancia en Viena. Estas fueron las exigencias que la diva televisiva impuso al millonario austríaco Richard Lugner, anfitrión de la gala del Baile de la Ópera de Viena.
Es lo que aseguran los medios locales, así como, por extraño que parezca, que la diva impuso por contrato no dar ni un paso con Lugner durante el tradicional baile sobre el que gira esta celebración que, año tras año, parece perder el glamour de otros tiempos, en los cuales los invitados tenían el brillo de Sofia Loren o Roger Moore.
Y es que, tal y como afirmó la prometida del rapero Kanye West, ella «no es buena» bailando. Algo que, desde 1991, fecha en la que el millonario empezó a contratar estrellas del espectáculo, no se recuerda que pasara.
Pese a que sí tenía establecido «bajo contrato» acompañar a Lugner en la alfombra roja el 27 de febrero, tampoco pudo ser, ya que Kardashian entró por una puerta lateral dejando a la prensa sin esa instantánea de la diva, aficionada a mostrar su vida en las redes sociales.
En la gala se presentó con un vestido de raso color maquillaje y transparencias en negro, acompañada por su madre, Kriss Jenner, y poco más ha trascendido de la cita más allá de unas fotos en las que aparece del bazo de Lugner y con semblante serio. La ceremonia, pese a los puñetazos que se propinaron uno de los invitados y el acompañante del presentador de la televisión pública alemana Johanes B. Kerner, transcurrió dentro de la normalidad, según los organizadores.