Diario de León

CANTO RODADO

Vigías

el mundo ha cambiado tanto que hemos sustituido los faros habitados para orientar a los barcos por patrullas para capturar inmigrantes

Ana Gaitero
León

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Conocí el faro ya deshabitado. Imagino el tiempo en que fue habitado por un farero. O puede que fuera una farera amante de la vida solitaria. Vigilar el mar es casi como vigilar el monte. Más allá de las habilidades propias de cada oficio, en ambos hay que estar con atención, sin caer en la abulia. Hay que saber entretenerse sin distraerse. Interpretar señales imperceptibles, tan evidentes como casi inexistentes. Desarrollar una intuición a la medida de un habitante más del mar o del bosque. Hay que tener mucha vida dentro.

María Jesús es una de las vigías del servicio de extinción de incendios de León. Las diez horas de su jornada laboral, durante seis meses al año, habita la caseta desde la que se contempla el mar verde de pinares, apenas quedan robles y encinas después del devastador incendio de hace dos años. A sus pies, en primer término, una gran mancha desmochada en la que se abren paso pequeños pinitos recién nacidos. Lo llaman autorregeneración. El pinar se ha adaptado al carácter tormentoso e incendiario del monte Teleno. Y revive una y otra vez.

Gente estupenda

El ser humano es como el pinar. La gente se autorregenera de las irrecuperables heridas del incendio. Es el instinto de supervivencia. ¿Sucederá así en política? En política hay gente estupenda. Conocí a Javier Rodríguez Pacios cuando fue presidente del consejo de la Juventud de Ponferrada. Ahora es concejal de ICV-Euia en Lloret de Mar. No es fácil, me cuenta, por el clima de aversión general a quienes ostentan cargos públicos. Es fácil meter a todo el mundo en el mismo saco cuando hay tanto corrupto suelto.

Podemos se presenta como el partido de la regeneración. Gana la partida a UPyD, devenida jaula de grillos, y a iniciativas como Ciudadanos. Urge la regeneración de la vida política. Porque la política es nuestra. La gente quiere ver crecer nuevos pinos en el parlamento y en La Moncloa, aunque Rajoy se blinda la casa de la Ciudad Universitaria como si fuera el guarda forestal del país. ¡Qué sabrá él del oficio! Que dé una vuelta estos días por Tabuyo. El personal de las Brif (Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales) se ha levantado en armas por los recortes y el empeoramiento de las condiciones de trabajo al servicio de Tragsa, empresa pública pero no modélica.

Siglas nuevas

Las siglas nuevas y las ‘innovadoras’ fórmulas asamblearias deslumbran. Pero no es oro todo lo que reluce. Hay mucho faro automático. El otro día, en el Ágora de San Marcos, un tipo defendía en la asamblea de Podemos acabar con las listas paritarias: «Mujeres, no quiero que me protejáis», voceó el julai. También dijo que la ideología, azul, roja o amarilla, se puede dejar en casa. Lo grave es que hubo quien le aplaudió. A mí no me da miedo Pablo Iglesias ni sus simpatías bolivarianas. Me da pavor el personal que se sube al carro ‘regeneracionista’ con ideas tan retrógradas como viejas y populistas. ¡Con lo que cuesta avanzar cada paso! Pablo Iglesias habla de acabar con los privilegios de la casta y el patriarcado es la mano que mece su cuna.

Delicias marinas

Ayer visité de nuevo el faro de cabo Vidio. Vacío. Su veleta indica la dirección del viento. Siempre hay viento por aquí. El mundo ha cambiado tanto que hemos sustituido los faros habitados para orientar a los barcos, muchos eran pesqueros, por patrullas de la Guardia Civil especializadas en capturar inmigrantes.

Los faros podrían ser un recurso turístico e incluso científico. Como lo era el Museo del Calamar Gigante de de Luarca, que se llevaron las marejadas de febrero. Para colmo, la avaricia acabó con el emblemático Mesón La Mar. Pero queda la buena gente de La Dársena, un clan de mujeres que ofrece las recetas de la abuela Milagros desde 1969. Todavía llega algún pesquero al puerto de la villa blanca de la costa verde. ¡Qué delicia!

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