Diario de León

CANTO RODADO

el rescate

hay gente honrada y hacendosa que se faja en la montaña de la vida cotidiana con humildad, lealtad y generosidad como los greim de sabero

Ana Gaitero
León

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La última vez que hablé con Isabel Carrasco fue para pedirle su opinión sobre la reforma de la ley del aborto de Gallardón. No quiso responder. «Tengo muchos problemas que solucionar en la provincia para ocuparme de eso», alegó. Al poco tiempo, cuando una avalancha de críticas, también del PP, amenazaba con sepultar el polémico proyecto (y al ministro), alzó su voz. León siempre es una buena excusa. Luego vino Marcos Martínez y volvió a invocar a León en nombre de la difunta presidenta. Y León sigue ahí, agonizando mientras el ex presidente escribe cartas desde la cárcel para sus vecinos que recen por él. De la justicia terrenal no se fía.

Ahora ha llegado al sillón presidencial Emilio Orejas y también jura servir a León. Pero León se muere, hundido en los últimos episodios nacionales de la vergüenza. Cada hoja que se pasa en el calendario la provincia parece más sumida en un retrato de la España profunda que en esa estampa de ciudad cool que propició otrora el Musac.

León sumergido

En León se mata, se roba, se heredan las alcaldías como si fuera el Medievo. Y somos la Cuna del Parlamentarismo. ¡Toma ya! León regaló al mundo el primer genoma del Mesolítico, en Lugueros, el pueblo del nuevo presidente, Emilio Orejas, coronado de gloria restaurando un monumento falangista y contando antenas de televisión por vecinos. Es el León de la casta y de la caspa.

León sacrificó sus montes, y a sus hombres y mujeres, para arañar el carbón de la industrialización y riega con sus pantanos tierras lejanas. Hay una ciudad oculta, una provincia sumergida, que está llena de gente solidaria y hacendosa. Gente honrada sin medallas de oro, ni placas en las calles. Gente que se faja con la montaña de la vida cotidiana como lo hacen los Greim de Sabero cuando salen al rescate de una persona en riesgo en la cordillera. Sus leyes son el compañerismo, la generosidad, la humildad y la lealtad. Las mismas que deberían regir la vida pública y que se han olvidado en la práctica de la política.

La herencia del 78 está putrefacta. Y huele a podrido. La Diputación de León es un ejemplo palmario. Se empieza por colocar a un amigo, o a Triana (y no fue Carrasco su valedora), y se acaba por mandar a los contribuyentes a pagar los impuestos a San Cayetano o al antiguo Correos para que el Palacio estuviera limpio de obstáculos, humanos y materiales, para hacer y deshacer.

Medios sin fin

El fin justifica los medios, dijo Maquiavelo. Yo no lo creo. Pero es muy dudoso que el fin que ha movido a la clase política dominante, la casta, en las últimas décadas haya sido León y haya sido España o Cataluña. Hemos visto perpetuarse a políticos y hemos asistido impasibles a sus pactos por arriba. Hemos contemplado con envidia el movimiento de las puertas giratorias.

Ha habido muchos cómplices. El PSOE, en la Diputación de León, se mueve para no salir en la foto de la nueva Corporación y blanquearse. Ahora, después de haber pactado presupuestos y repartos de obras provinciales que marginaban a los pueblos sin padrino o madrina. Feliciano Martínez Redondo, un maestro metido a alcalde de Villaquejida, alzó la voz en el desierto. En la casa de todos los leoneses y todas las leonesas nadie oía. La transparencia era una cortina de humo infranqueable. Un telón de acero lleno de espías con calabozos para los disidentes. Ahora es tarde.

La partida de Pablo

Pablo Iglesias ya tiene su equipo de rescate para un país atrapado por la avalancha de la corrupción. Ha librado la partida interna con un jaque mate en Internet, sin sitio para los sectores críticos, con un pensamiento único: ganar. Y con la cara de otro Pablo, Fernández, de León, asomando entre su cuadrilla de salvadores. Alea jacta est .

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