estilita arias álvarez, ‘tili’
el vendaval de armunia
el coro, el antiquísimo ramo, la pastorada, el auto de reyes, el día del mayor o el de la mujer trabajadora... todo lo anima y lleva por delante estilita, EL MOTOR QUE MUEVE ESTA HOY PEDANÍA Y AYER AYUNTAMIENTO

secundino pérez
Madre mía, ¡Estilita es Armunia y Armunia es Estilita!», dicen que clamaba el alcalde Juan Morano Masa al recibir en audiencia a los representantes de las pedanías capitalinas porque nada más franquear la puerta ya enarbolaba esta mujer guerrera y activísima un tocho de peticiones y reclamaciones, las necesidades perentorias de Armunia bien grapadas y encuadernadas.
Estilita Arias es como el motor de la hoy pedanía y antaño pueblo con asiento municipal, y lo mismo bregó toda la vida por socorrer familias y atemperar necesidades que se sigue enfundando la indumentaria tradicional y animando las funciones teatrales, los autos de reyes, el coro local, la vida social y cultural entera de este un tanto olvidado rincón del alfoz legionense. Estilita, ‘Tili’, prestó buena atención desde pequeña a todos los cantares y tradiciones que entonces desplegaban aquellos paisanos —en especial su madre, magnífica despensa de memorias— y por eso ahora es ella la depositaria de tanto saber y tanto ímpetu. Por ejemplo, cuenta a quien quiera oírlo que Armunia era «la panera de León», «un auténtico vergel», y eso es precisamente lo que significa armunia en árabe, jardín. «Antes había una plaza que se llamaba Gran Visir, donde vivían mis agüelos, aunque ya le cambiaron el nombre. Y esto fue marquesado, por eso en nuestro pendón figura la flor de lis», ilustra rápida, auténtico torrente de palabras.
Nacida en 1942 de padres labradores —como tantos otros vecinos con vacas, praos y ferreñales entre chopos—, vio a la localidad convertirse en creciente polo fabril de la ciudad de la mano de no pocas industrias: «Antibióticos, la Harinera, la Azucarera, Alfageme, Ballestas Leonesas...», enumera, y hace ver en qué ha quedado todo aquel hormiguear de talleres y molinos. Y mientras la niña Tili vendía leche por La Veguilla y la carretera de Zamora («un litro, medio y un cuarto»), soñaba con evangelizar a gentes exóticas e idólatras. Con 16 años daba catequesis a una veintena de chavales y no paraba de decir en casa que quería ser misionera. Eso hasta que el cura don Elías, muy querido, le recordó que era la mayor de tres hermanos y le hizo ver la mucha labor que tenía en casa: «Mira, tu apostolado está aquí», le advirtió.
Buen caso le hizo. A partir de entonces, antes y después de casada, desplegó una actividad asombrosa tanto desde la parroquia como desde la junta vecinal o en estrecha colaboración con Cruz Roja y Cáritas. Organizaba grandiosas campañas navideñas de recogida de alimentos y ropas para los más necesitados —las mujeres compraba telas en almacenes de la capital y luego las cosían— donde vio de todo: mucha miseria... y algunas grandezas. «En una casina vivía un matrimonio con siete hijos y le mandamos un buen atao con sábanas, etc. La mujer nos devolvió todo con una nota que decía: «Mi marido es minero y gana lo suficiente, así que den ustedes esto a personas con más necesidad». En otra ocasión murió una mujer dejando solos a muchos hijos porque el marido había marchado a Barcelona abandonándolos a su suerte, aunque eso sí, regresó para el entierro. Estilita fue a ver al gobernador civil y sacó los billetes de tren a la ciudad condal de toda la prole y 500 pesetas para bocadillos. También consiguió que construyeran ambulatorios, guardería y otros equipamientos. «¡A estos políticos no hay como cogerles de las orejas y llevarles a que vean como están las cosas!», declara. Presidenta y fundadora del Grupo Vecinal y Cultural San Roque, organizadora de excursiones (con las que algunos vecinos vieron el mar por primera vez), mantenedora de la pastorada de Armunia, del ramo leonés, del carnaval, de los Reyes, de la Pasión («nos ensaya Ana Crémer», apunta) y del coro (conoció en La Voz de León a Luis del Olmo y Paco Umbral cuando en los sesenta actuaba en la radio con las niñas de Armunia («de aquella casi sólo cantábamos nosotras, Manuel Quijano y el Quinteto Blanco Bardal»)... una actividad abrumadora.
Critica la desaparición del antiguo ayuntamiento de Armunia y esa ley del suelo que impidió construir alturas y con ello, lastró el crecimiento del barrio. No para un instante y su caballo de batalla actual es mejorar las aceras y el cementerio. Con una clave: la de reclamar y trabajar siempre en comunidad. «¡Si uno solo no es nada en la vida!».