contra la barbarie
Es sencillamente terrible tan sólo el hecho de plantearse algo que no deja de ser una realidad: el turismo puede batir récords en España después del atentado de Túnez. Ya sé que es una obviedad y que nosotros hemos vivido aquellos actos terroristas de ETA en ciudades de la costa. Pero no deja de ser terrible. Cómo pueden dos hombres solos acabar en unas horas con tantas vidas lo primero, con tantas esperanzas después, con la ilusión de todo un pueblo. Visité Túnez cuando te prohibían siquiera mirar el palacio del dictador. No había casi velos en los rostros de las mujeres ni casi libertad en sus calles; sólo el culto desmedido al líder omnipresente.
Occidente les armó y es ahora el enemigo y da igual que sean trabajadores en trenes de cercanías que dibujantes en un piso de París o turistas visitando un museo. Esta es una guerra sucia y disparatada -todas lo son- y el mundo se limita a lamentarse.
Pero no sólo estamos nosotros frente a la barbarie de los extremistas. Sus pueblos huyen hacia ninguna parte y los gobiernos cercanos que alentaron y sufragaron las revueltas, miran también hacia otro lado mientras la sangre no corra por sus calles. Pues ya ven que sí, ya ven que para el odio no hay fronteras ni creencias, en todo caso tribus, grupos, escuelas eternamente enfrentados por la fe que comparten.
Alguna vez habrá que decir basta y no es suficiente la respuesta valiente de esa gran mayoría de tunecinos que se congregaron después de la matanza para defender la paz en libertad. A esos escuadrones de fanáticos hay que combatirles me temo que con sus mismas armas. No sé si alguna vez la guerra está justificada pero sí tengo claro que defender la civilización, tanto la occidental como la oriental, es justo y hoy, más que nunca, necesario. Ni los países árabes pueden seguir como si el problema no fuera con ellos ni Occidente limitarse a esperar en estado de alerta el próximo atentado. Que la ONU tome cartas en el asunto y responda como tiene que responder al mal llamado Estado Islámico. O vamos juntos o la razón terminará arrollada por la barbarie. Y el tiempo corre en contra nuestra.