Diario de León
Publicado por
Andrés Aberasturi
León

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Uno de los tópicos que adornan el sistema democrático se basa en dos afirmaciones discutibles: la alternancia en el poder y la necesidad de pactos. Pero una cosa son los adornos y otra muy distinta que esos adornos estén en la esencia misma del menos malo de los sistemas políticos según dijo Churchill, aunque la frase no es textual. Quiero decir que sobre la alternancia lo que verdaderamente importa es la posibilidad de que se produzca si los ciudadanos quieren, pero no parece condición sine qua non viendo, por ejemplo, el caso de Andalucía dónde, cómo se sabe, el PSOE lleva 33 años sin alternar nada y subiendo.

Lo de los pactos resulta más complicado porque el pacto siempre lleva un peaje que pagan quienes apoyan y quienes reciben el apoyo.

Ahora estamos asistiendo —y lo que nos queda— al hasta cierto punto bochornoso espectáculo que ha protagonizado la hasta ahora posible presidenta de la Junta de Andalucía y los representantes de los dos neopartidos que poco tienen que ver el uno con el otro.

Pero en todo pacto hay al menos dos lados y también las otras partes contratantes se ven obligadas a renunciar a algunas cosas porque tampoco tienen tanta fuerza aunque sean la llave de la presidencia y, a la sombra del buen nombre que siempre ha tenido esto de pactar (casi siempre, hay excepciones escandalosas), están dispuestas a renuncian ¿a qué exactamente y por qué? Ese es la cuestión: mientras no sea a sus principios esenciales y mientras no sea para pillar y estrenar poder, resultaría admisible. ¿Pero cómo presentarse Podemos, por ejemplo, ante su electorado convertido en sostén de la casta? ¿Cómo predicar Ciudadanos sobre una España no corrupta apoyando aunque sea mediante la abstención al gobierno de los ERES? Y el PP, que se ha contagiado de Rajoy, mirando todo desde el palco sin mover un dedo ni decir esta boca es mía.

Pues esto es lo que nos espera pero en grande. Si este barullo es el tímido comienzo de una nueva forma de hacer política, bienvenido sea. Si al final se convierte en un zoco de componendas, todos habremos perdido.

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