el Rey de todas las españas posibles
Me inquieta mucho más la falta de contacto entre el presidente del Gobierno central y el de la Generalitat que el hecho de que este último acuda a La Zarzuela a explicar al Rey su plan secesionista. Tengo tanta confianza en el Felipe VI estadista como desconfianza me suscita un Artur Mas que claramente no tiene el dominio de los mandos de la inestable nave en la que se ha metido. Como es también casi imposible entender a estas alturas por dónde va el proceso. Hace apenas una semana, Mas amenazaba con no convocar las elecciones ‘plebiscitarias’ (así las llaman) ante la proliferación de candidaturas secesionistas y ante el riesgo de quedarse él fuera del propio proceso electoral que él mismo desencadenó. Y corre el riesgo de ganar entre otras cosas no porque la mayoría de los catalanes sea independentista, sino porque, desde el otro lado, se han cometido aún más errores que en el bando secesionista: se desdeñó la idea de Albert Rivera -la gran esperanza antiseparatista- de crear un frente contra la independencia; desde el PP, en lugar de acercarse a ellos, se ha combatido sutilmente a Ciudadanos; en el PSC han proliferado las tendencias y opiniones más variadas, generando un clima de desconcierto entre quienes apoyaban al socialismo catalán...
De nada de esto tiene la culpa el Monarca, que ha intensificado sus viajes a Cataluña. ¿Qué se dijeron entonces, qué se habrán dicho ahora? Creo que tenemos una oportunidad única de que un gran rey, como lo es sin duda Felipe VI, sea quien empiece a encauzar el enorme problema territorial que la miopía de muchas generaciones de políticos, en Barcelona y en Madrid, ha ido generando.
El problema que nos sirve en bandeja un irresponsable Artur Mas no se arregla a base de declaraciones enfáticas, y desde la lejanía, en el sentido de que «Cataluña no será independiente», ni subrayando que «el Estado tiene mecanismos legales para impedirlo».
Ahora, esa veleta inestable que es la política catalana presenta las cosas muy de otra manera, y mis críticas anteriores a la inmovilidad de Rajoy vuelven a cobrar sentido. Lo dicho: siempre nos quedará Felipe VI... Menos mal.