CANTO RODADO
el camino
mientras la historia romana de león se resume en los calzoncillos de un soldado guarro, la vaquiña de valladolid engorda que da gusto

Dos minutos de silencio y un poema de Dawna Marcova despidieron a Denise Pikka Thiem en Astorga: «Elijo habitar mis días / Permitir que mi vida me habite / Me haga menos temerosa / más accesible... Que libre mi corazón hasta transformarlo en vida / Una antorcha, una promesa».
Hermosa despedida ciudadana para Denise en la que fue su última etapa del Camino en todos los sentidos. Cinco meses después se resolvió el crimen, cuando la presión de un senador estadounidense que compitió con Obama por la Casa Blanca sobre nuestro Gobierno se hizo más que evidente con un despliegue policial nunca visto en León y sus contornos.
De nuevo los caballos surcaron los caminos maragatos, siglo y medio después de que la arriería tocara a su fin. Eran jinetes del Ministerio del Interior. Policías. Una vez más la realidad supera a la ficción, esa frase manida que sin embargo me refresca con el recuerdo de aquel tema de Los Cardiacos.
Luego vino el ministro a poner medallas como quien va de romería. Pero ha sido la ciudadanía, el coraje de una mujer, la que ha llegado de verdad al corazón de la tragedia. Recordando a Denise para acompañar a su familia en el dolor. Ponerse medallas por el deber cumplido, tarde y mal, es un despropósito y hasta una obscenidad.
La nueva ‘maría’
E l Gobierno nos tiene acostumbradas a estas salidas del tiesto y otras peores. Premiar el mínimo trabajo, mientras se pide el máximo sacrificio. Wert desayuna con su amante en París mientras se triplica la matrícula de religión en los institutos a cuenta de la Lomce. El Gobierno que cacarea el esfuerzo como uno de los ejes de la educación implanta una maría a la que se apuntan los estudiantes para subir nota a cambio de no dar golpe. Ese es el camino que señalan sus flechas azules. Las miradas y sonrisas, cual flechas de Cupido, del alcalde Silván apuntan directamente a Valladolid. La autovía sigue a medias, pero los alcaldes de León y Pucela se van a dar la mano y a fumar la pipa de la paz. Lo que no se consiguió con años de gobierno del PP en ambas ciudades se logra ahora con un alcalde popular en León y uno socialista en Valladolid.
La vaquiña...
Y o le diría al alcalde que lo cortés no quita lo valiente. Amiguiños, amiguiños... pero la vaquina polo que vale, que decían los tratantes de ganado antes de firmar la conrobla con un apretón de manos que valía más que cualquier papel. Traer de gira por León al regidor de Valladolid está muy bien. Va a dar mucho juego mediático, aunque nada comparable con los teatros, los ceses de personal con escolta de la Policía Local y el copón de Margarita Torres.
Ahora, señor Silván, toca ir a Valladolid, a la casa del señor Herrera, a defender a los leoneses. Pero el alcalde ya ha dejado claro que no va a mover un dedo por Torneros. Mientras entre Venta de Baños y Palencia se construye la mayor área industrial de la Comunidad, en León se renuncia a un proyecto que condena a la desaparición a los talleres de Renfe.
El argumento definitivo, porque en realidad el económico no se sostiene, es que en León ya no quedan empresas. Y, de paso, si cerramos las posibilidades de una plataforma logística intermodal y bien situada como la de Torneros, pues ya acabamos con las pocas que quedan. El camino, nos dicen, es el turismo. Un camino tan peligroso como lo fue el monocultivo del carbón en las cuencas mineras.
Así, mientras en León la historia de Roma se resume en los calzoncillos con cagarrutas de un soldado, la vaquiña de Valladolid engorda a costa de toda la Comunidad como admite en sus memorias el ex alcalde socialista de Salamanca, Jesús Málaga, a quien le podríamos responder que a buenas horas mangas verdes... Pero más vale tarde que nunca.