Halcón o paloma
Es hora de reflexionar; cierto que esta jornada de silencio oficial resulta más metafórica que útil, pero tal vez en esta ocasión merezca la pena de verdad pararse un momento y pensar no sólo en el significado del voto de cada uno sino, sobre todo, en la abstención y lo que eso significa.
La mayoría de los españoles sensatos no podemos estar en contra la sentimentalidad y cada cual nace y se siente de donde quiere. Por edad y convencimiento pertenezco a esa generación que aspirábamos a ser ciudadanos del mundo frente a una patria impuesta por decreto, que no queríamos ser la reserva espiritual de nada ni de nadie y que estábamos hartos de sentirnos —sin sentirnos— una unidad de destino en lo universal. Sólo pretendíamos ser eso, ciudadanos libres en una Europa libre y democrática. Pero no era posible y aun tuvimos que asistir entre el dolor, el miedo y la vergüenza a los últimos fusilamientos del franquismo cuyo aniversario coincide desgraciadamente con el 27-S. Han pasado muchas cosas desde entonces, tantas, que contemplamos ahora muchos de nosotros con cierta perplejidad y tristeza hechos impensables cuando «la unidad de los hombres y las tierras de España» se habían convertido en una frase retórica de un pensamiento y un movimiento únicos.
Cuando Tsipras convocó aquel referéndum sobre cómo tratar con la UE, dije que lo mejor que le podía pasar era perderlo; pero lo ganó y tuvo que desdecirse de todas sus promesas imposibles, negociar a la baja y disfrazar el fracaso. No sé qué pensarán Mas y los suyos, pero lo mejor que podría pasarles es que no tuvieran mayoría en el 27-S y a partir de esa derrota comenzar de verdad a negociar todo lo que sea negociable.
Es importante reflexionar no sólo el voto sino el no-voto, la abstención que, en este caso, no estaría moralmente justificada ni significaría otra cosa que el desentendimiento de la realidad que unos quieren imponer llamando a las cosas de forma indebida: aquí no plebiscitos que valgan y estas elecciones no son más que lo son pero unos se han sacado de la chistera el halcón del desencuentro en lugar de la paloma y al final han logrado su primer propósito: hacer creer que es lo que no es. Aun están a tiempo los ciudadanos de que el halcón no vuele.