Diario de León

CANTO RODADO

el beso

besos y abrazos están de moda en la política a falta de diálogo para afrontar la segunda transición de la democracia española

Ana Gaitero
León

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Dicen que besarse es bueno para la salud. Que nuestro cuerpo libera hormonas para mejorar el ánimo y funcionan como antidepresivos. Besar también dilata los vasos sanguíneos, reduce el dolor e incluso contribuye a alargar la vida. Eso dicen.

Hay muchas maneras de besar. Cada cultura tiene sus rituales. En España se utilizan dos besos para saludar. En Bélgica, Alemania, Suiza y Holanda es habitual darse tres besos comenzando por la derecha. En Holanda también existe la tradición de dar un pequeño beso en la boca entre los hombres y mujeres conocidos.

En Japón, los besos apasionados se dan en el cuello o en las manos. Nunca en los labios. Según el Kamasutra existen 30 formas de besarse. Hay besos para todos los gustos y, está comprobado científicamente, el primer beso es uno de los recuerdos más fuertes que tenemos.

P ablo Iglesias ha reivindicado el beso para hacer política después de darse un piquito, que tildan de soviético, con el valenciano Xábier Doménech. Se levantaron en el Congreso de los Diputados vientos dignos de un mes de marzo airoso como manda el calendario. Ni siquiera cuando se aprobó la ley de matriomonio entre personas del mismo sexo se había visto a dos hombres besarse en el Congreso, dicen los comentaristas políticas. Anda, ni a dos mujeres. Ni a un hombre y una mujer besarse en los labios.

El abrazo

E l beso de Iglesias es el contraataque al abrazo de Pedro Sánchez y Albert Rivera. Una manera de provocar y de emplazar al líder del PSOE a virar a la izquierda en su estrategia de pactos para ser investido presidente del Gobierno. Todo son gestos en este tiempo de incertidumbre. Vale más un gesto que mil programas políticos.

Se han dado mil y una interpretaciones del beso que Pablo le pide a Pedro. Pero poco se ha hablado de por qué no se dan el beso Pedro y Pablo. O por qué se abrazan Alberto y Pedro.

Besos y abrazos. Están de moda en la política. ‘El abrazo’ de Juan Genovés entró en la Carrera de San Jerónimo, 36 en enero. Lo trajeron desde el Museo Reina Sofía. Con toda la intención. Un símbolo de la transición, conocido también con el nombre de Amnistía, para adornar los primeros pasos de la segunda transición.

La copia

Q uieren los vientos del Ibex 35 que la segunda transición sea una copia de aquellos años en los que la gente se besó en las calles para celebrar la libertad. Pero ya no hay marcha atrás. Como no se puede volver al primer beso más que en el recuerdo.

España entra en el nuevo tiempo con besos. Con hombres que hablan y se besan en el Congreso. Pocas mujeres se han oído en la tribuna estos dísa de zozobra de investidura, como no sea la de la portavoz de Coalición Canaria. Ana Oramas fue la única que cambió el sentido del voto.

Las ausentes

F altan mujeres en todo este drama del beso. Sin duda tiene razón Manuela Carmena cuando les dijo que copiaran de ellas para sentarse a negociar y alcanzar un acuerdo para gobernar España. Marzo es el mes de las mujeres. El 8 de marzo reivindica en todo el mundo el 50-50. La paridad es una de las claves del desarrollo sostenible. Pero en la política española que tiene que afrontar el mayor reto de la historia democrática las mujeres son ausentes, como la amada de Pablo Neruda: «Me gusta cuando callas porque estás como ausente...». Y no sigo porque me espanta.

Por cierto, dicen que en León tenemos al alcalde que más abrazos ha dado en la historia de la ciudad y sólo lleva diez meses de mandato.

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